La demencia afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad de realizar tareas diarias. Comprender sus vínculos con los hábitos cotidianos permite explorar posibles estrategias preventivas.
Con ese objetivo, investigadores de la Universidad de York, en Canadá, analizaron estudios que siguieron durante años a adultos para identificar nuevos diagnósticos de demencia.
Encontraron que la poca actividad física, pasar demasiado tiempo sentado y dormir menos de siete horas o más de ocho estaban relacionados con un mayor riesgo.
La actividad física se relacionó con menos diagnósticos
La investigación, publicada en PLOS One, reunió estudios observacionales sobre adultos de 35 años en adelante, quienes no tenían demencia al comenzar el seguimiento.
Para examinar la actividad física, los autores combinaron los resultados de 49 investigaciones que incluyeron a más de 2,8 millones de personas seguidas durante años.
La actividad física regular de intensidad moderada o vigorosa se asoció con un riesgo de demencia un 25 % menor frente a quienes eran físicamente inactivos.
Los investigadores también examinaron por separado a personas de entre 35 y 64 años y a quienes tenían 65 años o más al comenzar.
En ambos grupos encontraron una relación entre mantenerse físicamente activo y un menor riesgo de demencia, aunque la magnitud de esa relación varió entre investigaciones.
Pasar muchas horas sentado también apareció relacionado
El análisis del sedentarismo reunió tres investigaciones con 295.809 participantes, a quienes se siguió para conocer si desarrollaban demencia después de registrar sus hábitos.
Pasar ocho horas o más al día sentado se relacionó con un riesgo de demencia un 27 % mayor, comparado con permanecer sentado menos tiempo.
El tiempo sedentario y la falta de actividad física se analizaron como comportamientos diferentes. Uno describe las horas sentado; el otro, la actividad física realizada.
Los autores señalan que el sedentarismo prolongado también aparece relacionado con obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares, condiciones que pueden acompañarse de dificultades para desenvolverse diariamente.
Estos vínculos forman parte de las posibles explicaciones que discuten los investigadores para comprender la relación entre pasar muchas horas sentado y desarrollar demencia.
Dormir pocas o demasiadas horas mostró diferencias
Para estudiar la duración del sueño, el equipo reunió 17 investigaciones con más de 1,3 millones de participantes, comparando distintas cantidades de horas dormidas.
Dormir menos de siete horas por noche se asoció con un riesgo de demencia un 18 % mayor, frente a dormir entre siete y ocho horas.
Entre quienes dormían más de ocho horas por noche, el riesgo fue un 28 % mayor respecto del mismo grupo de referencia utilizado en las comparaciones.
Como posibles explicaciones, los autores mencionan procesos de mantenimiento cerebral durante el sueño y condiciones de salud que podrían estar relacionadas con dormir más tiempo.
El equipo propone investigar cómo cambian estos hábitos desde la edad adulta, mediante seguimientos prolongados que permitan examinar su relación con diagnósticos posteriores de demencia.




