El cuerpo libera sustancias que forman parte de nuestro olor, y algunas pueden variar con las enfermedades. Analizarlas podría ofrecer información sobre nuestra salud.
A partir de esa posibilidad, investigadores en Alemania analizaron muestras del ombligo, la nariz y la oreja para buscar diferencias relacionadas con varias condiciones médicas.
Encontraron patrones que permitieron distinguir parcialmente a los grupos estudiados. Las muestras del ombligo destacaron especialmente al comparar personas sanas con pacientes con deterioro cognitivo leve.
Lo que recogieron con un simple hisopo
El estudio, publicado en Scientific Reports, incluyó a 24 participantes, distribuidos en cuatro grupos de seis personas según su diagnóstico o su condición de salud.
Además de personas sanas, participaron pacientes con párkinson, COVID-19 y deterioro cognitivo leve. Todos aportaron muestras de las tres zonas del cuerpo seleccionadas para investigar.
Para recogerlas, se frotó cada zona con un hisopo de algodón durante unos diez segundos. Después, las muestras se conservaron congeladas hasta su posterior análisis.
Los investigadores eligieron esas zonas porque están relativamente menos expuestas a perfumes y otros productos que podrían interferir con las sustancias que querían estudiar.
Luego analizaron los gases liberados por los hisopos mediante un sistema de láseres infrarrojos, capaz de registrar diferencias en las mezclas de sustancias recogidas.
Los láseres permiten analizar el olor corporal
La técnica convierte la luz absorbida por esos gases en pequeñas señales acústicas. Al medirlas, el equipo obtiene un registro de las características de cada muestra.
En lugar de buscar una sustancia concreta para cada enfermedad, los investigadores compararon patrones del conjunto, mediante un análisis estadístico que permitió visualizar diferencias entre grupos.
En las muestras del ombligo, la separación más marcada apareció entre las personas sanas y aquellas con deterioro cognitivo leve, según los patrones registrados.
Las muestras de párkinson y COVID-19 ocuparon posiciones intermedias y se superpusieron parcialmente. Por tanto, el ombligo no permitió distinguir claramente entre esas dos enfermedades.
La nariz también aportó diferencias entre grupos. En conjunto, ambas zonas ofrecieron las distinciones más claras, aunque cada lugar proporcionó información con características diferentes.
Hacia dispositivos que analicen muestras sin agujas
Otro resultado mostró que bastaban cinco longitudes de onda, equivalentes a cinco puntos del espectro infrarrojo, para conservar la separación observada entre las muestras analizadas.
Esto plantea la posibilidad de construir equipos más pequeños, que utilicen menos componentes para examinar las sustancias liberadas por muestras obtenidas de forma sencilla.
Por ahora, se trata de una prueba inicial en personas ya diagnosticadas, realizada bajo condiciones controladas de laboratorio, sin una precisión diagnóstica clínicamente validada.
La edad también estuvo relacionada con los patrones observados. Para determinar su influencia, será necesario comparar grupos más numerosos y con edades mejor equilibradas.
El siguiente paso será comprobar si estas diferencias se mantienen en condiciones cotidianas, donde la higiene personal y las sustancias ambientales pueden modificar las muestras.




