Otras Ciencias

Un terraplanista se prepara para viajar al espacio en un cohete casero para comprobar su teoría.

En pleno siglo XXI, hay quienes se niegan a creer el hecho de que la Tierra sea plana. Y la obstinación de algunas de estas personas los lleva a veces a intentar demostrar a cualquier precio que tienen la razón.

El autoproclamado temerario y Flat Earther  «Mad» Mike Hughes se está preparando para otro lanzamiento en su cohete de vapor hecho en casa en el desierto de California. Su objetivo final es llegar al borde del espacio, pero ¿qué tan probable es que tenga éxito y vea que la Tierra es realmente esférica?

El primer lanzamiento del cohete de Hughes fue en 2014, y desde entonces ha despegado varias veces en sus máquinas caseras, alcanzando una altitud de 572 metros como máximo. Sus aventuras lo han llevado a una serie de lesiones , pero aún está decidido a continuar. Su último intento estaba programado para el 11 de agosto, pero una vez más fue abortado después de que se descubrió una falla en el cohete. 

 Hughes cree que la Tierra es plana y que puede probarlo con sus viajes con cohetes ( la Sociedad del Plano Infinito le ha dado dinero ). Está dispuesto a salir y literalmente arriesgar su vida para demostrar lo que cree.

Pero si llegará a algún lado es un asunto diferente. Así que echemos un vistazo a su cohete para ver qué posibles dificultades o éxitos podría tener.

¿Qué dice la ciencia?

De acuerdo con la fórmula propuesta en 1890 por el físico ruso Konstantín Tsiolkovski —empleada en los lanzamientos espaciales hasta hoy día— la velocidad que puede alcanzar un cohete depende de qué porcentaje de su masa total está formada por combustible y de qué tan rápido es capaz de quemarse este último.

Por otra parte, la nave debe desarrollar una velocidad horizontal de 7,8 kilómetros por segundo para superar el límite entre la atmósfera y el espacio exterior (100 kilómetros de altura) ya que orbitar a menores altitudes significaría una enorme resistencia del aire que frenaría y sobrecalentaría al cohete.

Esto solo es posible con ayuda de propulsores con forma específica que propulsan ciertos combustibles líquidos o sólidos. Estos se calientan y, al gasificarse, se expanden generando así fuerza de empuje.

Limitaciones y desafíos.

En vistas a todos estos factores, la limitación principal de Hughes es que su cohete use el agua a modo de combustible. Y es que es el agua posee un calor específico elevado, de modo que esta requiere de demasiada energía para hervir y evaporarse lo suficientemente rápido como para lograr el empuje.

A su vez, al aplicar la fórmula de Tsiolkovski a la nave de Hughes —un tanque de entre 360 y 379 litros y un peso total de aproximadamente 816 kilos— obtenemos que, sin considerar la resistencia del aire, se desplazará a 206 metros por segundo. Y con esta velocidad, apenas será capaz de superar los 2 kilómetros de altitud, muy por debajo de los 10 kilómetros a partir de los cuales se puede apreciar la curvatura del planeta

Teóricamente, para elevarse a 100 kilómetros de altura, el terraplanista precisaría de un tanque de al menos 29.000 litros de agua, sin mencionar la ingeniería extremadamente difícil que necesitaría para contener la presión interna y generar vapor de manera instantánea. Y si una opción tan barata como el agua realmente fuera viable, empresas privadas como SpaxeX no gastarían millones en desarrollar otros tipos de combustible, concluye Whittaker.

Si bien el intento de lanzamiento actual de Hughes puede tener éxito, las posibilidades de que un cohete con un tanque de combustible de 30 metros cúbicos lleno de agua despegue sea casi imposible. Al menos evitaría la catástrofe del combustible explotando en la plataforma de lanzamiento , lo que es una preocupación para los lanzamientos de cohetes más graves. Las empresas comerciales como los cohetes Falcon y Blue Origin han invertido mucho dinero en investigación y si pudieran usar algo tan barato como el agua para lanzarlo, lo harían.

En última instancia, Hughes no llegará a ningún lugar lo suficientemente alto como para ver la curvatura de la Tierra, pero sospecho que la adrenalina lo compensará con creces. Personalmente, le deseo todo lo mejor para su próximo vuelo. Puede que no esté de acuerdo con sus creencias, su política o su desconfianza hacia la ciencia, pero sí aplaudo su espíritu y actitud.

Fuente: the conversation.

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