Un accidente cerebrovascular puede cambiar la vida en minutos y dejar dificultades para hablar, caminar o trabajar. Aunque suele asociarse con el envejecimiento, también afecta a los jóvenes.
Ahora, investigadores de la Universidad de Cincinnati encontraron que su frecuencia casi se duplicó entre adultos de 20 a 54 años de una región estadounidense.
El aumento coincidió con una mayor presencia de hipertensión, diabetes y otros factores de riesgo entre los afectados, mientras estas emergencias disminuían entre personas mayores.
Una tendencia que creció durante casi tres décadas
La investigación, publicada en Neurology, analizó seis períodos entre 1993 y 2020 en cinco condados de la zona de Cincinnati y el norte de Kentucky.
Durante esos períodos, los especialistas identificaron 2.076 primeros accidentes cerebrovasculares en adultos jóvenes. Revisaron los casos hospitalizados y calcularon las tasas considerando la población regional.
La frecuencia pasó de aproximadamente 34 a 62 casos por cada 100.000 personas al año. Esto representa un incremento cercano al 83 % durante el período estudiado.
El aumento se concentró en los accidentes cerebrovasculares isquémicos, que ocurren cuando se bloquea el flujo de sangre hacia una parte del cerebro, privándola de oxígeno.
Su tasa prácticamente se duplicó, mientras los accidentes provocados por sangrado dentro del cerebro o a su alrededor no mostraron aumentos similares durante esos años.
Los factores de riesgo también estaban cambiando
Entre los adultos jóvenes afectados, la hipertensión pasó del 47 % al 60 % y la diabetes del 19 % al 26 %, según los datos de la investigación.
También aumentó la fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que puede favorecer la formación de coágulos. Su presencia pasó del 1 % al 6 %.
Otro cambio destacado fue el consumo registrado de sustancias, que pasó de aproximadamente un 5 % a un 40 %, con buena parte del incremento relacionado con marihuana.
En conjunto, los datos muestran que la hipertensión, la diabetes, las alteraciones del ritmo cardíaco y el consumo de sustancias ganaron presencia entre los pacientes jóvenes.
Estos cambios acompañaron el aumento de los accidentes cerebrovasculares durante casi tres décadas y ayudan a describir cómo ha cambiado el perfil de los afectados.
Sobrevivir puede implicar muchos años con secuelas
Al mismo tiempo, la proporción de adultos jóvenes que murieron durante los primeros 30 días descendió del 11,7 % al 9,4 %, tras los ajustes estadísticos.
La mejoría se observó principalmente en los accidentes relacionados con sangrado. Sin embargo, sobrevivir puede implicar dificultades persistentes para recuperar la autonomía y retomar actividades cotidianas.
Según David Robinson, autor del estudio, las secuelas pueden dificultar tareas como trabajar o cuidar a los hijos, especialmente cuando estos episodios ocurren a edades tempranas.
Para los investigadores, la combinación de más episodios y mayor supervivencia supone que más adultos jóvenes podrían vivir durante años con las consecuencias de estas lesiones.
Emily Fisher, autora principal, destacó la importancia de identificar y controlar los factores de riesgo desde la adultez temprana, junto con investigar cómo revertir el aumento.




