Biología-Desarrollo

¿Por qué el feto no se ahoga en el líquido amniótico..?

El feto se desarrolla durante 9 meses rodeado del líquido amniótico ¿Qué hace con él? ¿Lo traga? ¿Cómo es posible que no se ahogue con tanto líquido?

El líquido amniótico aparece hacia la quinta semana de embarazo y aumenta mucho de volumen al final del tercer mes, cuando se forma el saco amniótico. En la semana 12ª supera los 50 mililitros, en la 20ª alcanza los 400 ml y en la 38ª ronda los 1.000 ml. Si el embarazo se prolonga más de lo previsto, el volumen disminuye poco a poco.

Contenido en la bolsa de aguas o saco amniótico, el líquido amniótico configura un recinto acogedor para el bebé en un entorno tan poco estable como el vientre materno. Si no fuera por él, las paredes del útero serían incapaces de amortiguar el mínimo tropezón.

Su composición va cambiando según avanza el embarazo para adaptarse a las necesidades del bebé, pues nutre al feto y evacua sus secreciones. Se renueva cada pocas horas a través del cordón o de las membranas que forman la bolsa y la placenta.

El líquido amniótico ayuda.

  • Al feto a moverse en el útero, lo cual permite el crecimiento óseo apropiado
  • Al desarrollo apropiado de los pulmones
  • A evitar la presión en el cordón umbilical
  • A mantener una temperatura relativamente constante alrededor del bebé, protegiéndolo así de la pérdida de calor
  • A proteger al bebé de lesiones externas al amortiguar golpes o movimientos repentinos

¿Y cómo respira el feto con tanto líquido?

Porque, en realidad, sus pulmones no realizan una auténtica función respiratoria. Es cierto que el líquido amniótico del que vive rodeado el bebé entra en los pulmones a través de la traquea y los bronquios, y de hecho es necesario que esto ocurra porque ayuda al desarrollo de estos órganos.

Pero digamos que el mecanismo de respirar, por el cual los pulmones reciben aire, toman el oxígeno y lo expulsan, aún no se ha puesto en marcha. Así que no se produce un ahogamiento. Lo curioso es que el feto expulsa ese líquido por medio de una rutina muscular parecida a la respiración, que le sirve a la vez de “entrenamiento” y de esa ayuda a la formación.

¿Cómo obtiene el oxígeno necesario el nonato?

Pues a través del cordón umbilical que le une con su madre. La sangre que esta suministra a la placenta contiene el oxígeno y los elementos nutritivos que va necesitando el bebé en cada momento. Y como las necesidades van variando según avanza la gestación, la composición de ese suministro y de todo el líquido amniótico van alterándose según pasan las semanas.

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