El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa que se caracteriza por la pérdida progresiva de la memoria, el deterioro de otras funciones cognitivas y la presencia de cambios patológicos como la acumulación de proteínas anómalas en el cerebro.
Tradicionalmente, la comunidad científica se ha centrado en el estudio de este trastorno a nivel cerebral, pero en los últimos años ha tomado fuerza la hipótesis de que los primeros signos podrían manifestarse también en la retina, una parte del ojo estrechamente vinculada al sistema nervioso central.
En el estudio publicado en la revista Acta Neuropathologica, los investigadores han evidenciado la presencia de beta-amiloide (Aβ) y tau hiperfosforilada en la retina de pacientes en etapas tempranas de la enfermedad. Este hallazgo cobra relevancia porque ambas proteínas se asocian con la neurodegeneración característica del alzhéimer.
Contexto y relevancia del alzhéimer
El alzhéimer afecta a millones de personas en todo el mundo y su prevalencia aumenta con la edad. Aunque existen factores genéticos y ambientales que influyen en el riesgo de desarrollarlo, no se dispone de una cura efectiva. Por ello, la detección temprana es fundamental para intervenir antes de que se produzca un daño neuronal irreversible.
Diversos métodos diagnósticos, como la resonancia magnética y las pruebas de líquido cefalorraquídeo, contribuyen a la identificación del alzhéimer, pero su costo y carácter invasivo limitan su aplicación masiva.
En este escenario, la retina ofrece una oportunidad excepcional, pues es posible examinarla de manera menos invasiva y a menor costo que el cerebro. Al encontrarse expuesta a la luz, resulta viable capturar imágenes de alta resolución de sus capas internas. Esta accesibilidad, sumada a la similitud estructural y celular con el tejido cerebral, convierte a la retina en un biomarcador potencial para rastrear cambios asociados con el alzhéimer.
Cambios retinianos en etapas tempranas
El estudio publicado en Acta Neuropathologica demostró que la retina de individuos con alzhéimer temprano presentaba depósitos de beta-amiloide y tau hiperfosforilada, dos proteínas relacionadas con la neurotoxicidad. El depósito de beta-amiloide en la retina, además, coincidía con alteraciones en la microglía y la macroglía, células inmunitarias responsables de la vigilancia y protección del tejido nervioso. Cuando estas células detectan proteínas anómalas, tienden a activarse y, en caso de mantenerse hiperactivadas, pueden desencadenar inflamación crónica y daño celular.
Este proceso inflamatorio en la retina, observado en el estudio, podría, a su vez, contribuir a la muerte de neuronas retinianas y a la disminución de la función visual. Aunque el deterioro de la visión podría no ser evidente en etapas muy iniciales, los cambios moleculares son medibles y ofrecen un indicador más directo y sensible que otros métodos de detección.
La respuesta inflamatoria y la pérdida de células
De acuerdo al estudio, la presencia de beta-amiloide en la retina coincide con una marcada activación de microglía y de los astrocitos, dos poblaciones celulares encargadas de la defensa y el soporte neuronal. Cuando estas células perciben un exceso de beta-amiloide o tau hiperfosforilada, se inician procesos de limpieza y reparación. Sin embargo, si la exposición es prolongada o excesiva, la respuesta puede exacerbar el daño neuronal.
La neurodegeneración que se produce en la retina no solo afecta a las células ganglionares, encargadas de transmitir la información visual al cerebro, sino también a otras capas retinianas. Estudios han encontrado correlación entre la magnitud del daño en la retina y la severidad del deterioro cognitivo.
En otras palabras, a mayor acumulación de estas proteínas patológicas en la retina, existe una mayor probabilidad de observar un daño cerebral pronunciado y un avance más acelerado de la enfermedad.
Hacia un diagnóstico a través del ojo
La principal ventaja de considerar la retina como una herramienta diagnóstica radica en la facilidad con que puede ser examinada de manera directa, a través de métodos como la tomografía de coherencia óptica (OCT), la retinografía y la oftalmoscopia.
Dichas pruebas ya se emplean de forma habitual en la práctica clínica para diagnosticar patologías oculares como el glaucoma o la retinopatía diabética. Sin embargo, en los últimos años, varios grupos de investigación han adaptado estos sistemas de imagen para detectar señales tempranas de alzhéimer.
La tomografía de coherencia óptica, por ejemplo, podría identificar adelgazamientos específicos de la retina y capturar cambios en la reflectividad del tejido, asociados a la acumulación de beta-amiloide. Algunos estudios experimentales utilizan sustancias marcadoras que se unen a esta proteína, de forma que resulte visible bajo longitudes de onda concretas.
Nuevas fronteras en la investigación
El interés científico en la retina como proyección del cerebro ha impulsado una serie de investigaciones que buscan entender las vías moleculares y celulares implicadas en este proceso degenerativo. Como parte de estas indagaciones, el uso de proteómica y otras técnicas de biología molecular está revelando patrones específicos de expresión proteica en la retina de individuos con alzhéimer. Estos patrones podrían servir de base para el desarrollo de nuevos test diagnósticos y para profundizar en las causas últimas de la enfermedad.
Otro campo de gran potencial es la terapia génica y celular, que busca prevenir o revertir los daños que se producen cuando las células retinianas empiezan a morir. Si bien estos abordajes se encuentran en fases iniciales y su aplicación en humanos todavía está lejos de ser una realidad, la retina ofrece un entorno único para investigar, ya que su accesibilidad facilitaría intervenciones menos agresivas.
Conclusión
Los hallazgos recientes han transformado la manera de abordar la enfermedad de Alzheimer, extendiendo el foco de interés más allá del cerebro hacia la retina. Como demuestra el estudio mencionado, la identificación de depósitos de beta-amiloide y tau hiperfosforilada en las capas retinianas refuerza la propuesta de que el ojo brinda una oportunidad única para la detección temprana de la enfermedad.
La evaluación de la retina mediante técnicas no invasivas puede anticipar la aparición de los síntomas más severos, facilitar una intervención temprana y abaratar los costos asociados con el diagnóstico tradicional. Aunque aún se requiere más investigación para refinar los métodos de exploración y validar su aplicabilidad en grandes poblaciones, las perspectivas son prometedoras.
- Koronyo, Y., et al. (2023). Retinal pathological features and proteome signatures of Alzheimer’s disease. Acta Neuropathologica. DOI: 10.1007/s00401-023-02548-2
- Jack, C. R. Jr., et al. (2018). NIA-AA Research Framework: Toward a biological definition of Alzheimer’s disease. Alzheimer’s & Dementia. DOI: 10.1016/j.jalz.2018.02.018





interesante, ojalá que con estudios se vaya descubriendo una solución a esta enfermedad