Una de las bebidas más consumidas del mundo acaba de mostrar una relación sorprendente con tres desenlaces graves: cirrosis, cáncer hepático y muerte relacionada con el hígado.
El hallazgo surge tras seguir durante 13 años a 354 957 personas, una escala que permitió detectar asociaciones difíciles de observar en investigaciones pequeñas.
Pero los investigadores fueron más allá de los diagnósticos: examinaron resonancias magnéticas y miles de proteínas sanguíneas para buscar señales biológicas detrás de los resultados.
Trece años siguiendo la salud del hígado
El equipo analizó participantes del UK Biobank que inicialmente no tenían cirrosis ni carcinoma hepatocelular, la forma más frecuente de cáncer primario del hígado.
El consumo, tipo de café y uso de azúcar o edulcorantes se registraron mediante cuestionarios, mientras los diagnósticos posteriores se identificaron en historiales médicos vinculados.
Los análisis consideraron diferencias demográficas, hábitos, condiciones metabólicas y variantes genéticas que podían influir tanto en el consumo de café como en la salud hepática.
Frente a quienes no bebían café, consumir cinco o más tazas diarias se asoció con un riesgo 32 % menor de desarrollar cirrosis.
En ese mismo grupo, el riesgo de cáncer hepático fue 47 % menor y la mortalidad relacionada con el hígado disminuyó 42 % durante el seguimiento.
Las resonancias revelaron señales dentro del hígado
En 28 961 participantes sometidos a resonancia magnética, un mayor consumo se relacionó con menos grasa, menor acumulación de hierro y menor fibroinflamación hepática.
Esta última medición reúne indicios de fibrosis e inflamación, dos procesos que acompañan el daño persistente y pueden favorecer el avance hacia enfermedades hepáticas graves.
Los investigadores también examinaron 44 633 perfiles proteómicos, capaces de medir simultáneamente numerosas proteínas y ofrecer una visión más profunda de la actividad biológica.
Los consumidores mostraron más proteínas asociadas con una función hepática saludable y menos marcadores vinculados con cicatrización del tejido, inflamación y activación de células inmunitarias.
Las asociaciones fueron parecidas con café cafeinado y descafeinado. También persistieron al añadir azúcar o edulcorantes, aunque estos aditivos mostraron indicadores ligeramente menos favorables.
Cuánto café mostró la asociación más favorable
Las diferencias ya aparecían con una o dos tazas diarias y parecían más favorables alrededor de tres o cuatro, según el comunicado oficial de Cedars-Sinai.
Aunque el grupo de cinco o más tazas presentó las mayores reducciones en algunos desenlaces, los autores no aconsejan alcanzar deliberadamente ese consumo para protegerse.
El estudio fue observacional, por lo que identifica asociaciones, pero no demuestra que el café sea directamente responsable de prevenir cirrosis, cáncer o muertes relacionadas.
Los investigadores respaldan un consumo moderado, preferiblemente sin azúcar, para quienes ya disfrutan y toleran esta bebida. La cafeína puede resultar inadecuada para algunas personas.
Mientras buscan los compuestos responsables, los especialistas mantienen sus recomendaciones: cuidar el peso, limitar el alcohol, ejercitarse y controlar glucosa, presión arterial y colesterol.




