Detener el envejecimiento permitiría vivir mucho más, pero no indefinidamente. Incluso un cuerpo rejuvenecido continuaría acumulando daños capaces de terminar con su funcionamiento.
Un estudio calculó hasta dónde podría prolongarse la vida humana si lográramos detener todos los procesos del envejecimiento, excepto uno que es imposible de evitar.
Los resultados sitúan la mediana entre 146 y 194 años. Sin embargo, este límite no estaría en todo el organismo, sino principalmente en células irremplazables.
Un límite escrito dentro de nuestras células
Investigadores del Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología desarrollaron un modelo matemático que relaciona las mutaciones somáticas con la supervivencia de diferentes órganos humanos.
Estas alteraciones aparecen en el ADN de nuestras células durante la vida debido a errores de replicación, reparación genética o exposición a distintos daños.
La mayoría no provoca consecuencias graves, pero algunas pueden deteriorar genes esenciales, alterar el funcionamiento celular o causar la muerte definitiva de la célula afectada.
Los autores imaginaron una población libre de casi todos los mecanismos conocidos del envejecimiento, manteniendo únicamente la acumulación progresiva de estas mutaciones somáticas.
En ese escenario, la mediana de vida alcanzó 156 años bajo el modelo principal, casi el doble de los 79 años registrados en la población comparada.
El cerebro y el corazón ceden primero
El efecto no fue igual en todos los tejidos. Las mayores limitaciones aparecieron en aquellos cuyas células poseen una capacidad de renovación muy reducida.
Las neuronas y los cardiomiocitos acumulan mutaciones durante décadas, pero apenas pueden reemplazarse cuando sufren daños irreversibles o dejan de cumplir correctamente sus funciones.
Considerando solamente el deterioro neuronal, la mediana de vida estimada fue de 194 años. Para el corazón, el cálculo aumentó hasta aproximadamente 208 años.
Al integrar cerebro, corazón, hígado y epitelio respiratorio, el modelo redujo la estimación central a 156 años, porque basta el fallo de un órgano esencial.
En cambio, el hígado mostró una resistencia extraordinaria. Sus células pueden dividirse y sustituir continuamente a las dañadas, evitando que las mutaciones reduzcan rápidamente su capacidad funcional.
Una estimación teórica, no una promesa clínica
El estudio no anuncia un tratamiento ni demuestra que una persona pueda alcanzar esas edades. Sus cifras proceden de simulaciones construidas con información biológica disponible.
El modelo supone que los demás mecanismos del envejecimiento fueron eliminados y mantiene constante el riesgo de muerte observado en una persona saludable de 30 años.
También excluye trasplantes, reemplazo masivo de células e intervenciones capaces de reducir las mutaciones. Por eso calcula un límite teórico, no una expectativa alcanzable actualmente.
Además, no incorpora completamente el cáncer, la expansión de células mutadas, la inflamación crónica ni las complejas relaciones que conectan el deterioro de diferentes órganos.
Aun así, el estudio muestra que rejuvenecer tejidos podría no ser suficiente. Para prolongar radicalmente la vida también habría que proteger o reemplazar células irremplazables.




