Dormir durante el día es habitual entre los adultos mayores, pero comprender qué relación tienen las siestas con el riesgo de demencia sigue siendo un desafío.
Los investigadores de Johns Hopkins encontraron que dormir siestas casi todos los días o diariamente se asociaba con mayor riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores.
Además, quedarse dormido sin intención también se relacionó con ese riesgo. Los resultados sugieren que los hábitos de descanso diurno podrían aportar información sobre la salud cerebral.
Cómo estudiaron las siestas y la demencia
El equipo analizó datos de 995 estadounidenses de 65 años o más, sin demencia posible o probable al inicio, inscritos en un seguimiento nacional del envejecimiento.
En 2013, los participantes respondieron preguntas sobre sus siestas: cuántos días dormían, si lo hacían intencionalmente y cuánto tiempo solían descansar durante el día.
Los investigadores siguieron su evolución hasta 2023, aunque el tiempo observado varió entre participantes. Durante ese período, 417 desarrollaron demencia clasificada como posible o probable.
La clasificación combinó pruebas cognitivas, diagnósticos comunicados por los participantes o sus familiares y cuestionarios a informantes. Así, el seguimiento abarcó distintas señales de deterioro.
Para comparar los hábitos de descanso, el equipo consideró también la edad, enfermedades previas, síntomas emocionales y características del sueño nocturno de los participantes.
Las siestas frecuentes y el sueño involuntario
Dormir siestas la mayoría de los días o diariamente se vinculó con un riesgo relativo de demencia un 48 % mayor frente a quienes rara vez dormían siesta o nunca lo hacían.
La relación persistió después de considerar otros factores de salud y sueño. En cambio, las siestas ocasionales no mostraron una asociación clara con la demencia.
Quienes se quedaban dormidos sin proponérselo presentaron un riesgo relativo un 39 % mayor. Esta diferencia se mantuvo al considerar las mismas características personales y clínicas.
Las siestas planificadas mostraron un resultado diferente: su relación con la demencia dejó de ser clara cuando se incorporaron otros factores de salud y descanso.
También se examinaron capacidades cognitivas específicas. Las siestas frecuentes se asociaron con deterioro de la memoria y de las funciones necesarias para organizar y ejecutar tareas.
Qué podrían indicar estos hábitos de descanso
Los hallazgos describen asociaciones y no establecen que las siestas causen demencia. Los autores plantean que dormir más durante el día podría reflejar cambios cerebrales.
Adam Spira, coautor del estudio, explica que las regiones cerebrales que mantienen la vigilia pueden deteriorarse tempranamente, favoreciendo que una persona duerma siestas más frecuentes.
Para explorar esa posibilidad, los investigadores repitieron el análisis excluyendo los casos de demencia aparecidos durante los primeros cinco años del seguimiento de los participantes.
La asociación con las siestas frecuentes se mantuvo, lo que sitúa este hábito como una posible señal de riesgo años antes de identificar la demencia.
Los autores proponen estudiar con mayor detalle el descanso diurno para determinar si sus características permiten identificar personas que podrían beneficiarse de futuras estrategias preventivas.




