La conducta humana es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente. Los genes son las unidades de información que poseen nuestro ADN y que se expresan en características físicas y psicológicas.
Sin embargo, no todo depende únicamente de los genes, sino que el ambiente que nos rodea también tiene una influencia importante en nuestro comportamiento.
La genética conductual es la ciencia que estudia cómo la genética afecta a nuestro comportamiento y al desarrollo de rasgos psicológicos como la personalidad.
Genética y conducta
La genética conductual se basa en estudios comparativos con gemelos y niños adoptados para comprender los mecanismos genéticos implicados en la conducta y en diversas enfermedades.
Los gemelos idénticos comparten el 100% de sus genes, mientras que los gemelos fraternos y los hermanos biológicos comparten el 50%. Los niños adoptados comparten el ambiente con sus padres adoptivos, pero no sus genes.
Al comparar las similitudes y diferencias entre estos grupos, los investigadores pueden estimar la proporción de variabilidad de una característica que se debe a los factores genéticos o ambientales.
Los estudios con gemelos han demostrado que la importancia de los genes puede cambiar según la etapa de la vida en la que nos encontremos y según el tipo de característica que se estudie.
Por ejemplo, se ha visto que la influencia genética tiende a incrementar con los años en el peso corporal, mientras que el ambiente compartido (como la alimentación familiar) tiene más peso en la infancia.
También se ha observado que el cociente intelectual es en buena parte heredable y es difícil modificarlo de manera significativa y sostenida a través de ejercicios y nuevos aprendizajes.
Comportamiento antisocial
El comportamiento antisocial se define como aquel que viola las normas sociales y los derechos de los demás, causando daño o perjuicio.
Dentro del comportamiento antisocial se incluyen conductas como la agresión física o verbal, el robo, el vandalismo, el fraude, el incumplimiento de las obligaciones o el abuso de sustancias.
El comportamiento antisocial puede tener consecuencias negativas tanto para el individuo como para la sociedad, por lo que es importante conocer sus causas y factores de riesgo.
Los estudios con gemelos han revelado que el comportamiento antisocial tiene una base genética significativa, aunque también se ve influido por el ambiente.
Se estima que entre el 40% y el 60% de la variabilidad del comportamiento antisocial se debe a los factores genéticos. Sin embargo, no existe un único gen responsable del comportamiento antisocial, sino que se trata de un fenómeno complejo y multifactorial, en el que intervienen múltiples genes con efectos pequeños e interacciones entre ellos.
Algunos de los genes que se han asociado con el comportamiento antisocial son los que codifican para ciertos neurotransmisores, como la dopamina, la serotonina o la noradrenalina.
Estos neurotransmisores están implicados en procesos como la regulación emocional, la motivación, el aprendizaje o la impulsividad.
Por ejemplo, se ha encontrado que algunas variantes del gen MAOA, que participa en el metabolismo de estos neurotransmisores, aumentan el riesgo de desarrollar comportamiento antisocial, especialmente si se combinan con experiencias adversas en la infancia, como el maltrato o el abandono.
Naturaleza versus crianza
La pregunta de si la maldad está en los genes o en el ambiente es un falso dilema, ya que ambos factores interactúan de manera compleja para dar lugar al comportamiento humano.
No podemos decir que una persona sea mala por naturaleza o por crianza, sino que su conducta es el resultado de una combinación única de influencias genéticas y ambientales.
Tampoco podemos decir que los genes determinen el comportamiento, sino que lo predisponen o lo facilitan, pero no lo causan de manera inevitable.
El ambiente puede modular la expresión de los genes, activándolos o silenciándolos según las condiciones ambientales. Este fenómeno se conoce como epigenética y es una forma de adaptación al entorno.
Por ejemplo, se ha visto que el estrés prenatal puede alterar la metilación del ADN, un mecanismo epigenético que regula la actividad de los genes, y aumentar el riesgo de desarrollar problemas de conducta en la infancia.
El ambiente también puede interactuar con los genes de manera no aditiva, es decir, que el efecto de un gen depende del ambiente en el que se expresa, y viceversa. Este tipo de interacción se denomina GxE (gen por ambiente) y puede ser de dos tipos: moderadora o mediadora.
La interacción moderadora ocurre cuando el ambiente modifica el efecto de un gen sobre una característica. Por ejemplo, el gen MAOA tiene un efecto diferente sobre el comportamiento antisocial según el nivel de maltrato infantil que se haya sufrido.
La interacción mediadora ocurre cuando el gen afecta al ambiente, y este a su vez afecta a la característica. Por ejemplo, el gen DRD4 influye en la búsqueda de sensaciones, lo que puede llevar a elegir ambientes más estimulantes o arriesgados, que a su vez pueden influir en el comportamiento antisocial.
En conclusión
La maldad no es una cualidad innata o fija, sino una construcción social que depende del contexto y de la perspectiva. El comportamiento humano es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente, que se influyen mutuamente de manera compleja y dinámica.
El comportamiento antisocial tiene una base genética significativa, pero también se ve afectado por el ambiente, especialmente por las experiencias tempranas.
No existe un único gen responsable del comportamiento antisocial, sino que se trata de un fenómeno multifactorial, en el que intervienen múltiples genes con efectos pequeños e interacciones entre ellos.
La genética conductual nos ayuda a comprender los mecanismos genéticos implicados en la conducta y a identificar los factores de riesgo y protección para prevenir y tratar el comportamiento antisocial.
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