La grasa visceral, también llamada la grasa invisible que rodea los órganos internos, ha despertado gran interés científico en los últimos años. A diferencia de la grasa subcutánea, este tejido adiposo se acumula en silencio y puede dañar la salud cardiovascular.
Según un estudio publicado en European Heart Journal, incluso en personas físicamente activas, la grasa visceral incrementa el envejecimiento del sistema cardiovascular y representa un factor de riesgo significativo.
Comprender cómo la grasa alrededor de los órganos afecta el corazón es esencial para repensar las estrategias de prevención de enfermedades cardíacas.
La investigación, analizó a más de 21 000 participantes con resonancia magnética, demuestra que la distribución de la grasa es tan importante como la cantidad total. Así, dos individuos con el mismo índice de masa corporal pueden tener riesgos muy diferentes.
El hallazgo principal es claro: la grasa visceral y la infiltración grasa en músculos y en hígado se asocian con un mayor envejecimiento cardiovascular. Este proceso no se detiene solo con ejercicio, lo que enfatiza la necesidad de intervenciones específicas para reducir este tipo de grasa.
Qué es la grasa visceral y por qué importa saberlo
La grasa visceral se acumula en la cavidad abdominal, rodeando órganos vitales como el hígado, el corazón y los intestinos.
A diferencia de la grasa subcutánea, no es visible, lo que la hace más peligrosa. Su presencia está relacionada con inflamación crónica, resistencia a la insulina y alteraciones metabólicas que aceleran el envejecimiento cardiovascular.
Este tejido libera sustancias inflamatorias que afectan las arterias, aumentando rigidez vascular y promoviendo disfunción endotelial.
Esto incrementa el riesgo de hipertensión, aterosclerosis e infartos. De hecho, el estudio mostró que la grasa visceral predice mejor el envejecimiento cardiovascular que el índice de masa corporal tradicional.
Lo alarmante es que este tipo de grasa puede acumularse incluso en personas con peso normal o físicamente activas. Así, llevar una vida saludable no basta por sí solo para neutralizar sus efectos dañinos.
Grasa visceral y corazón
Los investigadores descubrieron que la grasa visceral eleva la “edad cardiovascular”, un indicador de cuánto ha envejecido el sistema circulatorio frente a la edad real. Este aumento se asocia con rigidez arterial, inflamación y fibrosis del corazón, factores clave en enfermedades cardíacas.
La infiltración de grasa en músculos y en hígado también contribuye a acelerar el envejecimiento cardiovascular. En hombres, además de la grasa visceral, se detectaron efectos negativos ligados a la grasa abdominal.
Al contrario, en mujeres premenopáusicas, la grasa glútea mostró un efecto protector al disminuir el envejecimiento del corazón. Estas diferencias confirman que la distribución de la grasa tiene un papel crucial y que los riesgos varían según el sexo y la edad.
Ejercicio, dieta y prevención
La actividad física regular mejora la salud metabólica, pero no elimina totalmente el impacto de la grasa visceral. Incluso en personas “obesas en forma”, activas pero con exceso de grasa, la grasa visceral mantuvo su asociación con envejecimiento cardiovascular acelerado.
El control del peso mediante una dieta equilibrada, reducción de azúcares simples y mayor consumo de fibra es clave. Además, terapias como los agonistas del receptor GLP-1 han demostrado ser eficaces para reducir grasa visceral y hepática.
Nuevas tecnologías, como la resonancia magnética, permiten cuantificar esta grasa con precisión, superando las limitaciones del índice de masa corporal, que puede ocultar riesgos importantes.
Factores genéticos y hormonales
Las hormonas y la genética también influyen en la distribución de la grasa. En mujeres, los estrógenos favorecen la acumulación de grasa glútea, menos dañina para el corazón. Tras la menopausia, esta protección disminuye, aumentando la vulnerabilidad cardiovascular.
Los análisis genéticos sugieren que acumular grasa en la región glútea puede ser protector, mientras que la tendencia a acumular grasa visceral aumenta el riesgo. Asimismo, biomarcadores como colesterol LDL elevado y apolipoproteína B se asocian con envejecimiento cardiovascular, mientras que niveles altos de colesterol HDL ofrecen protección.
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Conclusión
La ciencia confirma que la grasa visceral es un enemigo silencioso del corazón, incluso en personas aparentemente saludables. Su acumulación acelera el envejecimiento cardiovascular y no siempre se detecta con métodos tradicionales como el índice de masa corporal.
Los avances médicos ofrecen herramientas para identificar y reducir esta grasa peligrosa. Sin embargo, la prevención debe comenzar con hábitos saludables desde temprano, apoyada por evaluaciones clínicas precisas y, en algunos casos, tratamiento farmacológico.
Losev, V., Lu, C., Tahasildar, S., Senevirathne, D. S., et al. (2025). Sex-specific body fat distribution predicts cardiovascular ageing. European Heart Journal. DOI: 10.1093/eurheartj/ehaf553




