Un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Arizona ha reportado avances notables en el tratamiento del autismo infantil mediante un enfoque innovador: el trasplante de microbiota fecal. Este procedimiento consiste en transferir bacterias intestinales de una persona sana a otra, y en este estudio se aplicó en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que también presentaban problemas digestivos.
Los resultados, publicados en la revista Scientific Reports, sugieren que esta terapia podría reducir de forma sostenida tanto los síntomas gastrointestinales como los síntomas conductuales asociados al autismo.
¿Por qué el intestino influye en el autismo?
En los últimos años, científicos han descubierto que el intestino y el cerebro están profundamente conectados. A esto se le llama “eje intestino-cerebro”. Muchas personas con autismo presentan desequilibrios en sus bacterias intestinales, lo que afecta no solo su digestión, sino también su comportamiento, sueño y emociones. Esta investigación parte de la idea de que, al mejorar la salud del intestino, también pueden mejorar los síntomas del TEA.
Un estudio pionero y de seguimiento a largo plazo
La investigación comenzó en 2017, cuando se seleccionaron 18 niños diagnosticados con autismo moderado o severo, todos con trastornos digestivos frecuentes. La intervención se realizó en tres etapas: primero, los niños recibieron antibióticos para reducir las bacterias dañinas. Luego, se realizó una limpieza intestinal, similar a la que se hace antes de una colonoscopia. Finalmente, durante siete u ocho semanas, recibieron dosis diarias de microbiota fecal de un donante sano.
Este tratamiento se conoce como Terapia de Transferencia de Microbiota (MTT), y su objetivo es “reprogramar” el ecosistema bacteriano del intestino. Los efectos fueron evaluados a corto y largo plazo, con un seguimiento de dos años para observar la persistencia de los cambios.
Cambios positivos sostenidos en síntomas autistas
Apenas ocho semanas después del tratamiento, los investigadores observaron una reducción del 24% en los síntomas conductuales asociados al autismo. Esta mejora continuó con el tiempo. Dos años después, la disminución alcanzó el 45%.
El dato más impresionante fue el cambio en la clasificación clínica de los pacientes. Al inicio del estudio, el 83% de los niños tenía diagnóstico de autismo severo. Al cabo de dos años, solo el 17% seguía en esa categoría. Además, el 44% de los participantes ya no cumplía los criterios para ser diagnosticados con autismo, según las escalas estándar.
Mejora en los síntomas gastrointestinales
Los trastornos digestivos fueron otro foco importante del estudio. Según la Escala de Síntomas Gastrointestinales (GSRS), hubo una reducción del 80% en estos síntomas a corto plazo. Esta mejoría se mantuvo en el tiempo, con una reducción del 58% dos años después.
Los niños mostraban menos dolor abdominal, menos estreñimiento y menos diarreas. Este alivio contribuyó también a una mejor calidad de vida, ya que los malestares digestivos pueden afectar el estado de ánimo, el sueño y la conducta.
Cambios duraderos en el microbioma
Uno de los resultados más llamativos fue la transformación del microbioma intestinal. La diversidad de bacterias aumentó notablemente, y se incrementó la presencia de bacterias beneficiosas como Bifidobacteria y Prevotella. Estos microorganismos ayudan en la digestión, fortalecen el sistema inmunológico y participan en la producción de compuestos esenciales para el cerebro.
Lo más importante es que estos cambios bacterianos se mantuvieron incluso dos años después del tratamiento, lo que indica que el trasplante logró una reconfiguración estable del microbioma intestinal.
Evaluaciones clínicas y sociales
Los efectos positivos se reflejaron también en otras escalas médicas. En la Escala de Evaluación del Autismo Infantil (CARS), se registró una mejora del 47% en promedio. Por su parte, la Escala de Respuesta Social (SRS), que mide habilidades sociales, mostró que el número de niños con síntomas severos bajó del 89% al 47%.
Estos avances sugieren que el tratamiento no solo influyó en los síntomas médicos, sino también en la interacción social, la comunicación y el comportamiento diario de los niños.
Hacia un posible tratamiento aprobado
Gracias a estos resultados alentadores, los autores del estudio —liderado por James B. Adams y Rosa Krajmalnik-Brown— ya están diseñando un nuevo ensayo clínico. Esta vez, será con más participantes y bajo condiciones más estrictas, incluyendo un grupo placebo. Su objetivo es obtener evidencia suficiente para que el tratamiento pueda ser evaluado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos.
El equipo también destacó que es necesario seguir investigando para entender mejor cómo interactúan las bacterias con el cerebro y cómo ajustar la terapia para cada caso.
Conclusión
Este estudio demuestra que el trasplante de microbiota fecal puede ser una herramienta prometedora para tratar síntomas de autismo, especialmente cuando existen trastornos gastrointestinales. Los cambios observados fueron significativos y duraderos, tanto en el comportamiento como en la salud intestinal de los niños tratados. Aunque no se trata de una cura, este avance ofrece una nueva opción que podría integrarse en el futuro a los enfoques terapéuticos del autismo.
Si los ensayos clínicos futuros confirman estos resultados, esta intervención podría revolucionar la manera en que se abordan los tratamientos para niños con TEA. En un campo donde pocas terapias logran impactos sostenidos, esta investigación representa una luz de esperanza para muchas familias.
- Kang, D.-W., et al. (2019). Long-term benefit of Microbiota Transfer Therapy on autism symptoms and gut microbiota. Scientific Reports, 9(1), 5821.




