El insomnio es uno de los trastornos más comunes del sueño, afectando entre el 10% y 20% de la población mundial. Más allá de dificultar el descanso, impacta la salud mental y física, aumentando el riesgo de depresión y enfermedades crónicas.
Tradicionalmente, se atribuía el insomnio a factores genéticos, psicológicos o ambientales. Sin embargo, la ciencia está descubriendo una nueva pieza en este rompecabezas: las bacterias intestinales. Estas comunidades microscópicas parecen influir directamente en la calidad del sueño.
Un reciente estudio publicado en General Psychiatry exploró esta relación, revelando que la composición del microbioma intestinal podría desempeñar un papel causal en el desarrollo o alivio del insomnio.
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Cómo las bacterias intestinales afectan al insomnio
Los investigadores utilizaron un enfoque genético llamado “Aleatorización mendeliana”, que permite diferenciar entre correlación y causalidad. Al analizar datos de más de 386,000 personas, encontraron que ciertos grupos de bacterias intestinales están relacionados con el riesgo de padecer insomnio.
En particular, se identificaron 14 grupos bacterianos que aumentan la probabilidad de insomnio, mientras que 8 parecen tener un efecto protector. Por ejemplo, bacterias como Clostridium innocuum group y Prevotella 7 se asociaron con mayor riesgo, mientras que Lactococcus y Coprococcus 1 podrían favorecer un mejor descanso.
Estas bacterias influyen en la producción de neurotransmisores como serotonina y melatonina, fundamentales para regular el ciclo del sueño. También generan ácidos grasos de cadena corta, que modulan la comunicación entre intestino y cerebro a través del llamado eje intestino-cerebro.
El eje intestino-cerebro: un puente biológico
El eje intestino-cerebro es una red de comunicación bidireccional que conecta la microbiota intestinal con el sistema nervioso central. Funciona a través del nervio vago, hormonas y moléculas inflamatorias que circulan por la sangre.
Cuando existe un desequilibrio en la microbiota intestinal, pueden alterarse neurotransmisores como la serotonina, derivada del triptófano, que posteriormente se convierte en melatonina. Ambas sustancias son esenciales para conciliar y mantener el sueño.
Además, los ácidos grasos producidos por bacterias intestinales pueden activar receptores en el cerebro, influyendo en funciones cognitivas, memoria y regulación emocional. Esto explica por qué la falta de diversidad bacteriana no solo afecta al intestino, sino también al descanso nocturno.
El insomnio también altera a las bacterias intestinales
El estudio reveló que la relación no es unilateral. Así como ciertas bacterias influyen en el sueño, el insomnio crónico también puede modificar la composición del microbioma. Los investigadores observaron que quienes padecen insomnio tienden a tener cambios en 19 grupos bacterianos.
Por ejemplo, el insomnio se asoció con un aumento en bacterias como Odoribacter y una disminución en otras como Streptococcus thermophilus. Estos cambios pueden generar un círculo vicioso: el insomnio altera la microbiota y, a su vez, esta alteración perpetúa los problemas de sueño.
Este hallazgo sugiere que cuidar el equilibrio intestinal podría convertirse en una estrategia clave para mejorar la calidad del sueño y prevenir sus consecuencias en la salud mental y física.
Posibles aplicaciones en salud y tratamiento
Los resultados abren la puerta a terapias innovadoras para el insomnio. En lugar de depender únicamente de fármacos, se podría intervenir en la microbiota mediante probióticos, prebióticos o incluso trasplantes de microbiota fecal.
Asimismo, ajustar la dieta para favorecer bacterias beneficiosas podría ser un enfoque complementario. Alimentos ricos en fibra, fermentados y variados ayudan a nutrir la diversidad microbiana, lo que podría traducirse en un mejor descanso nocturno.
Aunque aún faltan ensayos clínicos en humanos para confirmar estos beneficios, la investigación ofrece una perspectiva prometedora: el tratamiento del insomnio podría incluir estrategias centradas en la salud intestinal.
Estudios recientes revelan que la ansiedad social podría originarse en la microbiota intestinal.
Conclusión
El presente estudio aporta evidencia sólida de que las bacterias intestinales no solo acompañan, sino que pueden ser protagonistas en la aparición del insomnio. La identificación de bacterias que aumentan o reducen el riesgo de este trastorno abre nuevas posibilidades de prevención y tratamiento.
En definitiva, comprender cómo las bacterias intestinales están relacionadas con el insomnio podría transformar la forma en que abordamos la salud del sueño. El intestino, más allá de digerir los alimentos, se revela como un actor clave en el equilibrio de nuestras noches.
- Shi, S., Liu, D., Baranova, A., et al. (2025). Investigating bidirectional causal relationships between gut microbiota and insomnia. General Psychiatry. DOI: 10.1136/gpsych-2024-101855




