Desde hace años, la ciencia reconoce que existe una conexión entre el intestino y el cerebro. Esta red de comunicación, conocida como eje intestino-cerebro, permite que el cerebro reciba señales relacionadas con procesos digestivos, emociones y funciones corporales. Hasta ahora se pensaba que las bacterias que viven en el intestino solo influían en el cerebro a través de señales indirectas, como hormonas, el sistema inmunitario o la circulación sanguínea.
Pero un estudio reciente publicado en Scientific Reports ha dado un paso más allá: por primera vez demostró que algunas bacterias intestinales pueden modificar directamente la actividad de las neuronas mediante contacto físico, sin necesidad de intermediarios.
Esto abre una nueva perspectiva sobre cómo los microbios que viven en nuestro intestino podrían influir en funciones cerebrales como el estado de ánimo, el aprendizaje o incluso el comportamiento.
Qué significa que las bacterias “hablen” con las neuronas
El cuerpo está lleno de microorganismos, especialmente en el intestino, donde viven billones de bacterias que forman la llamada microbiota intestinal. Estas bacterias ayudan a digerir alimentos, producen nutrientes útiles y mantienen la salud del sistema inmunitario.
Los científicos han descubierto que la microbiota no solo influye en el intestino sino también en el cerebro a través de señales químicas o nerviosas. Este conjunto de influencias recibió el nombre de eje microbiota-intestino-cerebro.
Tradicionalmente se creía que las bacterias afectaban el cerebro de forma indirecta, como cuando producen sustancias que entran en la sangre y viajan al cerebro o cuando activan el sistema inmunitario.
Sin embargo, el nuevo estudio sugiere algo sorprendente: ciertos microbios intestinales podrían comunicarse directamente con neuronas, modificando su actividad al establecer contacto físico con ellas.
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Cómo lo comprobaron en el laboratorio
Para explorar esta posibilidad, los investigadores crearon un modelo experimental innovador que simula la interacción entre bacterias y neuronas fuera del cuerpo.
Usaron neuronas de la corteza cerebral de rata, que son células nerviosas responsables de funciones complejas en el cerebro, y las expusieron a una bacteria común del intestino llamada Lactiplantibacillus plantarum, conocida por su presencia en alimentos fermentados y considerada probiótica.
Los resultados mostraron que:
- Las bacterias se adhieren a la superficie de las neuronas sin penetrarlas.
- Este contacto modifica la actividad eléctrica de las neuronas, midiendo un aumento en la señal de calcio celular, un indicador de activación neuronal.
- Cambios en la expresión de genes relacionados con la actividad neuronal y la comunicación entre neuronas ocurrieron tras la interacción.
La respuesta neuronal que se observa con el contacto bacteriano fue comparable a la activación que generan ciertas sustancias químicas conocidas por estimular neuronas.
Estos hallazgos sugieren que el contacto físico entre bacterias y neuronas podría ser suficiente para desencadenar respuestas neurales, algo que hasta ahora no se había demostrado con tanta claridad.
Qué implica esto para nuestra salud
Este descubrimiento no significa que las bacterias viajen hasta el cerebro en condiciones normales, sino que ilustra una nueva forma de comunicación entre microbios y células nerviosas.
Hasta ahora, la mayoría de investigaciones señalaban que la microbiota influye en el cerebro a través de:
- Metabolitos liberados por las bacterias que llegan al cerebro por la sangre.
- Señales transmitidas por el nervio vago, que conecta el intestino con el cerebro.
- Modulación del sistema inmunitario y hormonas.
Pero este nuevo enfoque muestra que el contacto bacteriano directo puede alterar funciones neuronales, lo que podría tener implicaciones para comprender mejor trastornos neurológicos, comportamiento, memoria o incluso la regulación del estado de ánimo.
Aunque el estudio se realizó en laboratorio y todavía falta demostrar este efecto en personas, abre una nueva línea de investigación revolucionaria para entender cómo los microbios y el cerebro están conectados de maneras que apenas empezamos a imaginar.
Conclusión
Investigadores han demostrado por primera vez que ciertas bacterias intestinales pueden modificar directamente la actividad neuronal a través del contacto físico en modelos de laboratorio.
Aunque aún quedan muchos pasos para entender cómo esto ocurre en el cuerpo humano, el hallazgo abre un nuevo campo de estudio sobre la comunicación entre microbios y neuronas, y su relación con funciones cerebrales complejas como el estado de ánimo, el comportamiento o la memoria.
Este avance refuerza la importancia del eje intestino-cerebro y sugiere que el intestino no solo influye en el cerebro a través de señales químicas, sino posiblemente también mediante interacciones directas y físicas con las células nerviosas.




