Ver televisión forma parte de la rutina diaria de millones de personas. Sin embargo, practicarla frecuentemente podría relacionarse con cambios cerebrales visibles décadas después.
Un nuevo estudio encontró menor volumen cerebral y más lesiones vasculares entre quienes veían televisión con mayor frecuencia durante la mediana edad.
Las diferencias aparecieron en regiones vinculadas con la memoria, el procesamiento visual y el Alzheimer, incluso después de considerar cuánta actividad física realizaban.
Dos décadas siguiendo el envejecimiento cerebral
Los investigadores analizaron información de 1.712 adultos estadounidenses pertenecientes al estudio ARIC, una extensa investigación sobre salud cardiovascular y envejecimiento cerebral.
Cuando comenzó el seguimiento, los participantes tenían aproximadamente 53 años y ninguno presentaba demencia al momento de realizarse las imágenes cerebrales.
Durante la evaluación inicial, respondieron con qué frecuencia veían televisión durante su tiempo libre y cuánto permanecían sentados mientras realizaban su trabajo.
Casi 24 años después, cuando tenían alrededor de 76 años, sus cerebros fueron examinados mediante resonancia magnética para medir diferentes estructuras y lesiones vasculares.
El análisis consideró edad, sexo, educación, ocupación, tabaquismo, consumo de alcohol, hipertensión, diabetes, peso corporal y nivel de actividad física.
La televisión mostró las señales más preocupantes
Quienes declararon ver televisión “muy frecuentemente” presentaron menor volumen en áreas frontales y occipitales, comparados con quienes nunca o casi nunca lo hacían.
También mostraron menor volumen en regiones especialmente vulnerables al Alzheimer, entre ellas el hipocampo, la corteza entorrinal, el precúneo y el giro parahipocampal.
Estas estructuras participan en la memoria, la orientación y otros procesos cognitivos que pueden deteriorarse durante las primeras etapas de enfermedades neurodegenerativas.
Además, mostraron más lesiones en la sustancia blanca, un signo de daño en los pequeños vasos cerebrales relacionado con deterioro cognitivo y demencia.
La asociación continuó siendo significativa después de ajustar los resultados por actividad física. Mantenerse activo, por tanto, no anuló estadísticamente la relación observada.
No todo el tiempo sentado resultó igual
Permanecer sentado durante el trabajo mostró una relación diferente: se asoció con mayor volumen en algunas regiones cerebrales y menos lesiones de la sustancia blanca.
Los autores consideran que la exigencia mental podría influir. Trabajar sentado suele involucrar concentración, planificación, decisiones y resolución constante de diferentes problemas.
En cambio, ver televisión es una actividad habitualmente más pasiva y puede acompañarse de largos periodos sin movimiento ni una participación cognitiva sostenida.
Los resultados fueron particularmente marcados entre los hombres. En las mujeres, las asociaciones entre televisión frecuente y volumen cerebral no alcanzaron significación estadística.
El estudio encontró asociaciones, no una relación causal. Sin embargo, sugiere que algunas actividades sedentarias podrían afectar más al cerebro que otras.




