Los suplementos de colágeno se venden con la promesa de reducir arrugas y mejorar la piel, apoyándose en investigaciones que han comunicado resultados favorables.
Sin embargo, David Robert Grimes y Anjali Mahto identificaron errores en dos análisis que reunían ensayos en personas y respaldaban esos beneficios del colágeno.
Su trabajo, publicado en Journal of Cosmetic Dermatology, cuestiona esas conclusiones y señala que la evidencia revisada no permite recomendarlo como tratamiento contra el envejecimiento cutáneo.
Qué sabemos del colágeno y la piel
El colágeno es una proteína que aporta resistencia y estructura a la piel. Con la edad, disminuye su producción y aparecen cambios como las arrugas.
Los suplementos contienen habitualmente colágeno hidrolizado, una forma fragmentada de esta proteína que se comercializa en polvo, cápsulas o bebidas para su consumo oral.
Para evaluar sus efectos, investigaciones anteriores compararon suplementos con placebos y midieron características como la hidratación y la capacidad de la piel para recuperar su forma.
Dos análisis publicados en 2021 y 2023 reunieron estos ensayos y comunicaron mejoras. El primero incluyó 19 investigaciones; el segundo, 26, con estudios compartidos.
Grimes y Mahto revisaron cómo se habían combinado esos resultados y comprobaron los datos originales para determinar si las conclusiones favorables se sostenían.
Los errores que alteraron los análisis anteriores
La revisión encontró que se habían agrupado mediciones obtenidas con instrumentos distintos, aunque algunas describían propiedades de la piel que no podían considerarse equivalentes.
Además, ciertos datos se trasladaron incorrectamente desde los estudios originales. Estas confusiones podían hacer que los resultados parecieran más favorables de lo que realmente eran.
En uno de los análisis también se incluyó una investigación sin comparación con placebo, mientras se omitieron datos disponibles sobre hidratación de otro ensayo.
Otra dificultad apareció en las fórmulas utilizadas: algunos productos combinaban colágeno con otros ingredientes activos, lo que impedía atribuir cualquier cambio exclusivamente a esa proteína.
A esto se sumaron diferencias importantes entre las cantidades consumidas y la duración del tratamiento, aspectos que los investigadores incorporaron al volver a analizar los datos.
Qué encontraron al revisar los beneficios atribuidos
El nuevo análisis reunió datos de 16 estudios sobre hidratación y 18 sobre elasticidad, después de identificar investigaciones compartidas entre las dos revisiones anteriores.
Al considerar las dosis diarias y acumuladas, no encontraron una relación clara entre consumir más colágeno y obtener mejores resultados en esas características cutáneas.
Los autores también observaron que muchos ensayos estaban financiados por fabricantes. En los estudios de hidratación sin ese financiamiento, no se detectaron beneficios claros.
Además, explican que una mejora registrada por un instrumento no necesariamente representa un cambio visible para quien toma el suplemento, como una reducción de arrugas.
Para investigar estos efectos, proponen ensayos independientes, seguimientos más largos y controles de la alimentación y del cuidado cutáneo, además de publicar los datos completos.





