Ese rugido que aparece cuando tienes hambre no es solamente ruido. Surge de movimientos digestivos que reflejan lo que ocurre dentro de tu cuerpo.
Un estudio publicado en Scientific Reports presenta una nueva prueba capaz de medir qué tan bien reconocemos los sonidos producidos por nuestro propio sistema gastrointestinal.
Los resultados sugieren que la capacidad para identificarlos varía considerablemente entre personas y está relacionada con señales corporales tan importantes como el hambre y la saciedad.
Una prueba para escuchar el propio intestino
Los investigadores evaluaron a 45 adultos mediante Rumble Recognition, una prueba diseñada para estudiar la interocepción gastrointestinal de manera accesible, económica y no invasiva.
La interocepción es la capacidad del cerebro para percibir e interpretar señales internas como los latidos, la respiración, el hambre o los movimientos digestivos.
Durante cada ensayo, un estetoscopio digital registraba los sonidos gastrointestinales. Los participantes escuchaban dos audios de 15 segundos y debían reconocer cuál ocurría en tiempo real.
El segundo audio había sido grabado previamente en la misma persona. Después de elegir, cada participante indicaba qué tan seguro estaba de haber acertado.
La prueba se repitió en ayunas, después de beber 200 mililitros de agua con gas y tras consumir un batido rico en proteínas.
El hambre cambia cómo percibimos estas señales
En ayunas, la precisión promedio alcanzó el 55,77 %. Después del agua con gas subió al 58,88 % y tras el batido llegó al 59,77 %.
Aunque esas diferencias generales no fueron estadísticamente significativas, apareció una enorme variación individual. Algunas personas reconocían sus sonidos gastrointestinales mucho mejor que otras.
Entre el 17,78 % y el 26,67 % de los participantes consiguió una precisión igual o superior al 80 %, según la condición evaluada.
El hallazgo más llamativo apareció al analizar el hambre. Quienes se sentían más hambrientos al inicio generalmente identificaban con mayor precisión los sonidos producidos en ese momento.
Después del batido, quienes terminaron sintiéndose menos hambrientos también mostraron mejor desempeño, posiblemente porque percibieron con mayor claridad los cambios asociados con la saciedad.
Qué podrían revelar sobre nuestra salud
Los sonidos gastrointestinales, llamados borborigmos, son producidos por contracciones que desplazan gases y líquidos durante el ayuno, la digestión y el movimiento intestinal.
Reconocer estas señales podría reflejar qué tan sensible es una persona a los cambios internos relacionados con el vaciamiento, la distensión y la actividad digestiva.
Esta capacidad interesa especialmente porque la interocepción gastrointestinal participa en el hambre, la saciedad y las emociones, y puede alterarse en diversos trastornos digestivos o alimentarios.
Los investigadores consideran que la prueba podría utilizarse en futuros estudios sobre ansiedad, depresión, anorexia nerviosa, alimentación emocional, dispepsia funcional y síndrome del intestino irritable.
Por ahora, se trata de una investigación inicial con 45 participantes. Su mayor aporte es ofrecer una forma práctica de estudiar cómo el cerebro percibe al intestino.




