Los cefalópodos, como pulpos, calamares y sepias, siempre han fascinado a la ciencia por su asombrosa inteligencia. Estos invertebrados marinos poseen cerebros complejos capaces de realizar conductas sorprendentes que antes se creían exclusivas de mamíferos.
La inteligencia de los cefalópodos ha sido objeto de numerosos estudios recientes, mostrando que pueden resolver laberintos, usar camuflaje avanzado y aprender de experiencias pasadas. Su capacidad cognitiva despierta preguntas sobre la evolución de la mente animal.
Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B reveló que las sepias son capaces de retrasar la gratificación. Es decir, pueden esperar por una mejor recompensa, superando una prueba cognitiva comparable al famoso test del malvavisco aplicado a niños pequeños.
Cómo se midió la paciencia en sepias
Los investigadores diseñaron un experimento donde las sepias debían elegir entre dos opciones de alimento. Podían comer inmediatamente un bocado menos atractivo como un trozo de camarón, o esperar un tiempo por su presa favorita, un langostino vivo, más sabroso y nutritivo.
Para ello, se utilizó un aparato de cámaras transparentes con símbolos visuales que indicaban si el acceso al alimento era inmediato o con retraso. Así, las sepias debían aprender a asociar símbolos con resultados.
Los resultados fueron sorprendentes: algunas sepias lograron esperar entre 50 y 130 segundos para obtener su comida preferida. Este nivel de autocontrol es similar al de algunos primates y aves altamente inteligentes.
Relación entre autocontrol y aprendizaje
El mismo estudio también exploró si la paciencia estaba vinculada al aprendizaje. Para evaluarlo, las sepias fueron sometidas a una tarea de aprendizaje inverso, donde debían cambiar asociaciones previamente aprendidas para adaptarse a nuevas reglas.
Los individuos que demostraron mayor autocontrol también tuvieron mejor desempeño en estas tareas cognitivas. En otras palabras, los cefalópodos superan test cognitivo mostrando no solo paciencia, sino también flexibilidad mental.
Esta correlación sugiere que la capacidad de esperar puede estar estrechamente relacionada con procesos cognitivos más complejos como la atención, la memoria y la toma de decisiones estratégicas.
Estrategias conductuales observadas
Al igual que los niños que esperan en el test del malvavisco distraíéndose, las sepias también parecían usar trucos conductuales. Algunas giraban su cuerpo alejándose del alimento inmediato, como si intentaran evitar la tentación.
Estas observaciones refuerzan la idea de que su comportamiento no es puramente instintivo, sino que involucra cierto grado de autorregulación y estrategias de afrontamiento. Este tipo de hallazgos amplía nuestra comprensión de la cognición animal.
Además, el hecho de que invertebrados con vidas relativamente cortas desarrollen estas capacidades sugiere que las presiones ecológicas, como la necesidad de cazar presas móviles, han favorecido la evolución de estas habilidades.
Implicaciones para la evolución de la inteligencia
El hallazgo es especialmente llamativo porque las sepias no viven en grupos sociales complejos ni almacenan alimento, factores que en otras especies se asocian con el desarrollo del autocontrol. Esto indica que su inteligencia podría haber surgido de desafíos distintos.
En este caso, la presión de tener que cazar eficientemente presas escurridizas pudo haber impulsado la evolución de un control de impulsos más sofisticado. Ser capaces de esperar el momento adecuado para atacar aumenta sus probabilidades de éxito.
Estos resultados plantean que la inteligencia puede evolucionar de múltiples formas y contextos, no solo por la vida social, sino también por la necesidad de sobrevivir en ambientes exigentes y cambiantes.
Conclusión
La investigación de Schnell y colaboradores demuestra que las sepias poseen un nivel de autocontrol comparable al de especies con cerebros mucho más grandes. Al esperar por recompensas de mayor valor, evidencian una sorprendente capacidad cognitiva.
El vínculo entre autocontrol y aprendizaje refuerza la idea de que los cefalópodos no solo actúan por instinto, sino que muestran procesos mentales complejos. Estos descubrimientos amplían nuestra visión de la inteligencia animal y cuestionan los límites tradicionales de la cognición.
Schnell, A. K., Boeckle, M., Rivera, M., Clayton, N. S., & Hanlon, R. T. (2021). Cuttlefish exert self-control in a delay of gratification task. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences. DOI: 10.1098/rspb.2020.3161




