Durante décadas, médicos y científicos observaron un fenómeno extraño: el cáncer rara vez logra crecer dentro del corazón humano.
Aunque recibe enormes cantidades de sangre cada minuto, este órgano casi nunca desarrolla tumores, incluso cuando otros tejidos sí resultan afectados.
Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Science encontró una posible explicación relacionada directamente con los latidos cardíacos y la presión mecánica constante.
El corazón parece frenar tumores
Los investigadores descubrieron que el movimiento continuo del corazón genera fuerzas físicas capaces de alterar el comportamiento de células cancerígenas.
En modelos experimentales, las células tumorales crecían con más facilidad cuando el corazón dejaba de soportar su carga mecánica normal.
Sin embargo, cuando el tejido cardíaco seguía latiendo bajo condiciones normales, el crecimiento tumoral disminuía de forma considerable y persistente.
Los científicos observaron este efecto en distintos tipos de cáncer, incluyendo melanoma, cáncer de colon y adenocarcinoma pulmonar.
La fuerza mecánica cambia genes tumorales
El estudio reveló además que los latidos no solo ejercen presión física, sino que también modifican funciones genéticas dentro del tumor.
Una proteína llamada Nesprin-2 actuaría como sensor mecánico, enviando señales capaces de reorganizar estructuras dentro del núcleo celular.
Ese proceso cambia la forma en que ciertos genes relacionados con proliferación tumoral se activan o permanecen bloqueados.
Cuando los investigadores desactivaron Nesprin-2, las células cancerígenas recuperaron capacidad para multiplicarse dentro del corazón de los ratones.
Un hallazgo con posibles aplicaciones médicas
Los autores creen que este descubrimiento podría abrir nuevas líneas de investigación enfocadas en terapias basadas en estimulación mecánica controlada.
También ayuda a entender por qué el corazón adulto tiene poca capacidad regenerativa y, al mismo tiempo, desarrolla tan pocos tumores.
Aunque todavía faltan investigaciones clínicas en humanos, el hallazgo muestra cómo fuerzas físicas normales pueden influir profundamente sobre el cáncer.
