Mientras gran parte del mundo consume pocas verduras, cientos de especies nutritivas están desapareciendo de cultivos, mercados y comunidades que antes las aprovechaban.
Un artículo publicado en PNAS advierte que esta pérdida reduce nuestras opciones alimentarias precisamente cuando la malnutrición y el cambio climático exigen mayor diversidad.
Los autores recopilaron 1,482 especies de verduras, aunque reconocen que la cifra real sería mayor porque muchas plantas silvestres locales todavía no están registradas.
Una enorme diversidad está quedando olvidada
Las verduras abarcan hojas, tallos, flores, raíces y frutos de plantas muy diferentes, desde especies cultivadas globalmente hasta alimentos conocidos únicamente en ciertas comunidades.
Sin embargo, nuestra alimentación depende principalmente de unas pocas especies comerciales, como tomate, cebolla, lechuga y zanahoria, mientras muchas variedades locales pierden presencia.
Esta reducción también empobrece el conocimiento tradicional sobre cómo cultivar, preparar y consumir plantas que durante generaciones formaron parte de la alimentación comunitaria.
Según el estudio, el 80 % de los estudios sobre erosión genética vegetal documentó pérdidas significativas de diversidad durante los últimos cien años.
Además, aproximadamente el 24 % de los parientes silvestres evaluados de verduras importantes está amenazado de extinción, llevándose características biológicas difíciles de recuperar.
Perder diversidad también limita nuestra alimentación
El problema ocurre mientras las personas consumen, en promedio, casi 40 % menos verduras de lo recomendado, una diferencia todavía mayor en países de bajos ingresos.
La producción actual resulta insuficiente, los precios dificultan el acceso y algunas barreras culturales reducen su consumo incluso cuando mejoran los ingresos familiares.
Frente a ello, especies como el amaranto, la planta araña, la malva de yute y ciertas berenjenas locales ofrecen nutrientes y adaptación ambiental.
Sus variedades pueden conservar características útiles frente al calor, las sequías, las plagas y las enfermedades, fortaleciendo los cultivos ante condiciones cada vez más difíciles.
Cuando desaparece esa diversidad, los agricultores y mejoradores pierden opciones genéticas para desarrollar verduras resistentes, nutritivas y adecuadas para diferentes regiones y culturas alimentarias.
Conservar semillas puede proteger futuras dietas
Los autores proponen recolectar semillas y parientes silvestres, conservarlos correctamente y utilizarlos para desarrollar variedades adaptadas a las necesidades de agricultores y consumidores.
También plantean incorporar verduras locales en huertos, hogares y escuelas, especialmente donde la desnutrición coincide con una elevada diversidad vegetal todavía disponible.
Esta estrategia ya fue aplicada en cuatro regiones africanas, donde se recolectaron semillas de más de 17,000 variedades y se mejoraron bancos de conservación.
Además, 7,200 huertos escolares, familiares y comunitarios acercaron verduras frescas a más de 120,000 personas, incluidos aproximadamente 30,000 niños, entre 2021 y 2024.
Proteger estas verduras significa conservar alimentos, nutrientes y posibilidades de adaptación que podrían ayudarnos a construir dietas más diversas frente a un futuro incierto.




