Uno de los medicamentos más conocidos del mundo acumula evidencia sobre una función que va mucho más allá de aliviar el dolor.
Estudios clínicos indican que la aspirina puede reducir el riesgo de cáncer colorrectal en personas con determinadas condiciones genéticas o características tumorales.
Los resultados más sólidos proceden de pacientes con síndrome de Lynch y de personas operadas cuyos tumores presentaban alteraciones genéticas específicas.
Una protección observada durante más de una década
El síndrome de Lynch es una condición hereditaria que eleva considerablemente el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal y otros tumores durante la vida.
El ensayo CAPP2 evaluó a 861 personas con este síndrome, asignadas aleatoriamente a recibir diariamente 600 miligramos de aspirina o un placebo.
Tras aproximadamente diez años de seguimiento, quienes tomaron aspirina durante al menos dos años presentaron cerca de 50 % menos cánceres colorrectales.
El efecto protector tardó varios años en manifestarse, pero continuó apareciendo mucho después de que los participantes terminaran el tratamiento indicado inicialmente.
Estos resultados llevaron a incorporar la aspirina en algunas recomendaciones médicas para personas con síndrome de Lynch, siempre mediante una evaluación individual.
Cuando el cáncer ya había sido operado
Otra investigación reciente examinó si la aspirina podía impedir que el cáncer colorrectal regresara después de retirar quirúrgicamente el tumor original.
El ensayo ALASCCA analizó genéticamente los tumores de 2.980 pacientes y encontró alteraciones en la vía PI3K en el 37 %.
Finalmente, 626 pacientes recibieron 160 miligramos diarios de aspirina o un placebo durante tres años, comenzando pocas semanas después de la cirugía.
Entre quienes presentaban mutaciones específicas de PIK3CA, la recurrencia fue del 7,7 % con aspirina, frente al 14,1 % con placebo.
En pacientes con otras alteraciones relacionadas, las cifras fueron igualmente llamativas: 7,7 % en el grupo tratado y 16,8 % con placebo.
Cómo podría actuar y quiénes deben evitarla
La aspirina inhibe enzimas llamadas ciclooxigenasas, reduciendo sustancias inflamatorias que pueden favorecer el crecimiento, la supervivencia y la propagación de células tumorales.
También disminuye la activación de las plaquetas, pequeños fragmentos celulares que pueden ayudar a las células cancerosas a circular y formar metástasis.
Al reducir la producción de tromboxano, la aspirina podría facilitar que los linfocitos T reconozcan y eliminen células tumorales que intentan propagarse.
Sin embargo, su uso prolongado puede provocar úlceras y hemorragias. En ALASCCA, los eventos adversos graves fueron más frecuentes con aspirina que con placebo.
Por eso, estos resultados respaldan un tratamiento dirigido a pacientes cuidadosamente seleccionados, no el consumo preventivo de aspirina sin supervisión médica.




