Las caries pueden avanzar en los dientes de leche hasta provocar dolor e infecciones. Tratarlas resulta especialmente complicado cuando los niños son muy pequeños.
Para frenar ese avance, los investigadores probaron el fluoruro diamino de plata en niños con caries severas. Aplicaron el líquido directamente sobre las cavidades de sus dientes de leche.
En el estudio, el tratamiento detuvo aproximadamente la mitad de las lesiones evaluadas. Su aplicación breve podría facilitar la atención de niños con dificultades para acceder al dentista.
Diez segundos de aplicación sobre cada lesión
El fluoruro diamino de plata combina componentes que ayudan a frenar la actividad de los microbios y favorecen el endurecimiento del tejido dental afectado.
Los investigadores utilizaron una solución al 38 %. Primero limpiaron las lesiones y las secaron con algodón o gasa para preparar la superficie del diente.
Después aplicaron el líquido durante aproximadamente diez segundos sobre cada lesión. Ese tiempo corresponde al contacto del producto, dentro de un procedimiento que incluye otros pasos.
La aplicación se realizó sin retirar el tejido cariado con un taladro. Los examinadores comprobaron después si la zona inicialmente blanda se había endurecido.
Ese endurecimiento indicaba que la lesión se había detenido, aunque la cavidad seguía presente. Además, el tratamiento puede dejar oscura la parte afectada del diente.
Más lesiones detenidas tras una sola aplicación
El ensayo, publicado en JAMA Pediatrics, incluyó a 830 niños menores de seis años en Estados Unidos, asignados al azar al tratamiento o al placebo.
El grupo de comparación recibió agua desionizada con colorante. Los investigadores evaluaron las lesiones a los tres, seis y ocho meses desde la primera aplicación.
A los seis meses, se había detenido el 54 % de las lesiones tratadas, frente al 22,5 % con placebo: una diferencia de 31,5 puntos porcentuales.
Una segunda aplicación, realizada al sexto mes, no produjo un aumento de la proporción de lesiones detenidas en la evaluación final, dos meses después.
Tampoco se detectaron diferencias significativas en dolor entre grupos. Al ingresar, los niños debían estar libres de dolor por caries y de signos de infección pulpar.
El seguimiento sigue siendo parte del tratamiento
Cerca del 30 % de los participantes no completó el seguimiento. La pandemia contribuyó a esas pérdidas, que los investigadores abordaron mediante estimaciones estadísticas.
El seguimiento de ocho meses permitió evaluar el efecto durante ese periodo. Su duración deja pendiente conocer cuánto persiste el beneficio a más largo plazo.
Los eventos adversos considerados relacionados con el tratamiento se registraron en proporciones similares entre grupos. La mayoría de los eventos reportados fueron leves o moderados.
Como muchas lesiones continuaron activas, los autores señalan que esta aplicación debe acompañarse de medidas preventivas y controles para detectar cuándo hace falta otra intervención.
Una línea de investigación propuesta es evaluar otros intervalos entre aplicaciones, para determinar si una frecuencia diferente mejora los resultados en niños con caries severas.




