Antes de que un tejido muestre cambios visibles al microscopio, sus células pueden acumular alteraciones genéticas. Identificarlas ayuda a comprender cómo comienza a desarrollarse el cáncer.
Investigadores del centro médico Cedars-Sinai y otras instituciones encontraron que la pérdida del cromosoma Y era más frecuente en tejidos masculinos aparentemente normales cercanos a tumores.
Esta pérdida aumentaba al comparar tejidos de hombres sin cáncer, zonas próximas a tumores y tejidos cancerosos, lo que sugiere una relación con la transformación celular.
Qué ocurre cuando las células pierden este cromosoma
Los cromosomas contienen información genética que las células necesitan para funcionar. El cromosoma Y, habitualmente presente en los hombres, puede perderse en algunas células durante la vida.
Cuando esto sucede, conviven células que conservan ese cromosoma con otras que lo han perdido. Los científicos llaman a esta combinación «pérdida en mosaico».
Aunque este fenómeno se había estudiado ampliamente en la sangre y en tumores, se conocía menos sobre su presencia en tejidos aparentemente sanos de distintos órganos.
Para investigarlo, el equipo analizó mil muestras de tejidos humanos de 11 órganos, procedentes de 405 individuos. Incluyeron vejiga, próstata, pulmón, estómago, colon y otros.
Mediante señales fluorescentes, identificaron los cromosomas X e Y en las muestras. Un sistema automatizado permitió cuantificar esas señales en más de cuatro millones de núcleos celulares.
Los tejidos cercanos al tumor también mostraban cambios
La comparación reveló una mayor pérdida del cromosoma Y en tejidos aparentemente normales junto a los tumores que en muestras de hombres que no tenían cáncer.
Dentro de un mismo paciente, los tejidos cancerosos también presentaban una pérdida mayor que las zonas vecinas, aunque estas últimas conservaran una apariencia normal al microscopio.
La intensidad de esa pérdida variaba entre los tipos de cáncer. En las muestras analizadas, los tumores de colon y recto mostraron los niveles más elevados.
Además, los investigadores examinaron mapas de actividad genética de vejigas extirpadas por cáncer. Estos permitieron comparar regiones con lesiones precancerosas y zonas donde el tumor ya invadía tejidos.
Ese análisis mostró una reducción progresiva de las señales del cromosoma Y, compatible con una mayor pérdida conforme las lesiones avanzaban hacia formas invasivas de cáncer.
Una posible pista para reconocer la transformación celular
Los resultados respaldan la idea de que alrededor de un tumor pueden existir tejidos con alteraciones genéticas, incluso cuando todavía mantienen una apariencia normal al microscopio.
Según los autores, la pérdida del cromosoma Y podría servir como indicador de transformación maligna temprana, es decir, de cambios asociados con la aparición del cáncer.
La investigación relaciona esta alteración con distintas etapas del proceso tumoral. Su posible uso para reconocer esos cambios en pacientes constituye una aplicación que requiere más investigación.
También queda por precisar cómo interactúan las células que pierden el cromosoma Y con aquellas que lo conservan y qué relación tienen con la evolución del paciente.
Para abordarlo, los autores plantean estudiar células individuales y su ubicación dentro del tejido, lo que permitiría identificar cuáles pierden el cromosoma y cómo afectan a sus vecinas.




