Durante décadas, la proteína tau hiperfosforilada ha sido un sello distintivo del Alzheimer. Sin embargo, un descubrimiento reciente ha revolucionado nuestra comprensión: los recién nacidos tienen niveles de esta proteína incluso más altos que los pacientes con demencia. Este hallazgo, lejos de ser alarmante, podría ofrecer claves valiosas para prevenir el Alzheimer en el futuro.
Un estudio publicado en Brain Communications, reveló que la proteína del Alzheimer detectada en recién nacidos, conocida como p-tau217, aparece en concentraciones más altas en el cordón umbilical de los bebés que en el plasma de adultos diagnosticados con Alzheimer. Esta observación ha desconcertado a la comunidad científica y al mismo tiempo ha abierto nuevas posibilidades terapéuticas.
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¿Qué es la proteína tau y por qué su fosforilación es clave?
La tau es una proteína fundamental para estabilizar los microtúbulos en las neuronas. Pero cuando se hiperfosforila, es decir, se le añaden demasiados grupos fosfato, puede agruparse formando ovillos neurofibrilares tóxicos, característicos de enfermedades como el Alzheimer.
No obstante, estudios recientes indican que esta misma fosforilación, en fases tempranas de la vida, tendría un papel completamente distinto. Durante el desarrollo fetal y neonatal, la fosforilación de tau parece ser un mecanismo natural y necesario para la plasticidad neuronal y el crecimiento axonal. Es decir, lejos de ser perjudicial, cumple una función clave para formar circuitos cerebrales saludables.
Niveles elevados de p-tau217 en neonatos: lo que revelan los datos
El estudio, midió los niveles de proteína del Alzheimer en recién nacidos en varias cohortes, incluyendo más de 160 bebés sanos y prematuros. Encontraron que las concentraciones de p-tau217 eran significativamente más altas en neonatos que en pacientes con Alzheimer e incluso más que en adultos sanos.
En promedio, los recién nacidos mostraron valores superiores a 9-10 pg/mL, mientras que los pacientes con Alzheimer registraban alrededor de 3-4 pg/mL. A medida que los bebés crecen, estos niveles disminuyen rápidamente durante los primeros meses de vida, acercándose a los niveles normales del adulto joven.
Tau en el cerebro fetal: similitudes y diferencias con el Alzheimer
Otro estudio clave publicado en Journal of Neuropathology & Experimental Neurology, investigó el cerebro fetal humano. Los investigadores encontraron que varias formas fosforiladas de tau (como pSer202, pSer214, pSer396) estaban presentes en las capas corticales del cerebro fetal, formando agregados visibles, pero sin la toxicidad asociada a la enfermedad de Alzheimer.
Estos agregados, si bien compartían ciertas características estructurales con los observados en pacientes con demencia, no mostraban señales de daño neuronal. Además, eran negativos para coloraciones con tioflavina S, lo que indica ausencia de estructuras amiloides tóxicas. Esta evidencia sugiere que el contexto biológico en el que se produce la fosforilación de tau determina si esta es beneficiosa o perjudicial.
Un marcador compartido entre el desarrollo y la enfermedad
Lo que hace fascinante a la p-tau217 es que su elevación aparece tanto en el nacimiento como en el Alzheimer, pero con consecuencias opuestas. En recién nacidos, parece facilitar la maduración cerebral sin provocar daños. En cambio, en adultos mayores, su acumulación está ligada a la neurodegeneración.
Esta paradoja ha llevado a los científicos a preguntarse: ¿por qué en los recién nacidos no causa problemas? La hipótesis actual es que existen mecanismos de regulación y eliminación de tau mucho más eficientes en la etapa neonatal, que impiden que esta proteína se agregue de forma tóxica. Comprender estos procesos podría abrir nuevas rutas para tratar o incluso prevenir el Alzheimer.
El papel del tiempo y del tipo de tau
La tau fetal se expresa en una forma distinta (3R tau) que la del adulto, y también carece de ciertos exones presentes en la tau patológica. Estos cambios estructurales podrían explicar por qué la tau fosforilada en el cerebro en desarrollo no genera agregados tóxicos.
Además, el entorno enzimático también difiere: ciertas quinasas y fosfatasas responsables de regular la fosforilación están altamente activas en la infancia, pero disminuyen con la edad, lo que podría favorecer la acumulación de tau fosforilada en el cerebro envejecido.
Perspectivas terapéuticas: aprender del cerebro infantil
Este descubrimiento impulsa una nueva dirección en la investigación del Alzheimer: aprender del cerebro en desarrollo. Si se identifican los mecanismos que permiten a los recién nacidos tolerar niveles altos de p-tau217 sin sufrir daños, podríamos replicarlos terapéuticamente en adultos mayores.
Por ejemplo, podría investigarse la inducción de formas protectoras de tau o el refuerzo de vías que promuevan su degradación. También podrían desarrollarse fármacos que imiten el ambiente bioquímico del cerebro neonatal para prevenir la formación de ovillos neurofibrilares.
Conclusión
El hallazgo de que los niveles de proteína del Alzheimer detectada en recién nacidos superan a los observados en personas con demencia transforma radicalmente nuestra visión de esta enfermedad. Revela que la fosforilación de tau no es intrínsecamente mala, sino que su efecto depende del contexto biológico.
Explorar las diferencias entre el cerebro infantil y el envejecido podría conducir a nuevas estrategias de prevención y tratamiento. Tal vez, al entender por qué el cerebro del bebé puede manejar niveles altos de tau sin enfermar, podamos aprender a proteger el cerebro adulto del Alzheimer.
- Gonzalez-Ortiz, F., Vávra, J., Payne, E., et al. (2025). The potential dual role of tau phosphorylation: plasma phosphorylated-tau217 in newborns and Alzheimer’s disease. Brain Communications. DOI: 10.1093/braincomms/fcaf221
- Hefti, M. M., Kim, S., Bell, A. J., et al. (2019). Tau Phosphorylation and Aggregation in the Developing Human Brain. Journal of Neuropathology & Experimental Neurology. DOI: 10.1093/jnen/nlz073





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