El glioblastoma crece de forma acelerada, invade el tejido cerebral y permanece protegido por una barrera que impide la entrada de numerosos tratamientos administrados por vía sanguínea.
Ahora, los científicos desarrollaron nanopartículas lipídicas capaces de atravesar esa defensa y transportar ARN mensajero directamente hacia las células del tumor.
En estudios preclínicos con ratones, el tratamiento redujo seis veces la carga tumoral y prolongó la supervivencia mediana de 33 a 49 días.
Una barrera que protege también al tumor
La barrera hematoencefálica controla qué sustancias pasan desde la sangre hacia el cerebro, protegiéndolo de toxinas, microorganismos y cambios químicos perjudiciales.
Sin embargo, esta protección también bloquea medicamentos y nanopartículas terapéuticas, dificultando que alcancen concentraciones suficientes dentro de los tumores cerebrales.
Para superar este obstáculo, algunos métodos recurren a inyecciones intracraneales, administración nasal o ultrasonido focalizado, procedimientos que presentan distintas limitaciones clínicas.
El equipo buscó una alternativa intravenosa que pudiera repetirse, distribuirse ampliamente y llegar incluso a células tumorales alejadas de las zonas operables.
La solución fue diseñar nanopartículas lipídicas recubiertas con manosa, un tipo de azúcar capaz de interactuar con el transportador GLUT1.
Un mismo objetivo para cruzar y atacar
GLUT1 se encuentra abundantemente en los vasos sanguíneos cerebrales porque transporta glucosa, el combustible que el cerebro necesita continuamente para funcionar.
Este transportador también aparece en cantidades elevadas en el glioblastoma, cuyas células consumen grandes volúmenes de energía para sostener su rápido crecimiento.
Por ello, la manosa permitió que una misma nanopartícula reconociera primero la barrera cerebral y, después de atravesarla, se acumulara preferentemente en el tumor.
Los investigadores unieron la manosa directamente al colesterol de las nanopartículas, logrando una cobertura cercana al 30 % sin perder su capacidad para cargar ARN.
Tras administrarlas a ratones sanos, detectaron una acumulación cerebral 9,9 veces mayor que la obtenida con nanopartículas sin este sistema de direccionamiento.
ARN mensajero para devolver una defensa perdida
El equipo confirmó que las nanopartículas no solo llegaban al cerebro: también liberaban ARN mensajero funcional dentro de neuronas y astrocitos.
Luego las cargaron con ARN mensajero de PTEN, un gen supresor tumoral que ayuda a controlar el crecimiento y la supervivencia celular.
Cuando PTEN pierde su función, las células cancerosas encuentran menos obstáculos para multiplicarse, una alteración frecuente y relevante en el desarrollo del glioblastoma.
En modelos murinos con glioblastoma implantado en el cerebro, el tratamiento restauró la expresión de PTEN, frenó el crecimiento tumoral y extendió la supervivencia.
Los resultados todavía corresponden a ratones, pero muestran una estrategia intravenosa capaz de cruzar la barrera cerebral y transportar tratamientos genéticos hasta el tumor.




