El paso del tiempo transforma nuestro cuerpo de maneras que a menudo pasan desapercibidas. Un aspecto muy comentado, aunque no siempre comprendido, es el cambio en el olor corporal, a veces denominado coloquialmente como “olor a viejito”.
Lejos de ser solo una anécdota cultural, diversos estudios científicos han investigado este fenómeno, analizando cuándo y por qué ocurre. En este artículo, exploraremos las bases biológicas de los cambios en el olor corporal a medida que envejecemos.
¿Qué es el “olor a viejito”?
El “olor a viejito” es una expresión popular que se refiere al aroma corporal asociado a las personas de mayor edad. En Japón, por ejemplo, se le denomina kareishuu, y se describe como un olor tenue, ligeramente dulzón, que puede percibirse en ropa, habitaciones cerradas o incluso en medios de transporte públicos.
A pesar de la connotación negativa que a veces se le atribuye, la ciencia ha demostrado que no necesariamente es un olor desagradable, sino más bien un rasgo característico que varía de persona a persona.
Mecanismos biológicos y químicos
Para entender por qué el olor corporal cambia con la edad, es útil revisar cómo se genera el olor de nuestro cuerpo. En líneas generales, la transpiración en zonas como las axilas, el cuero cabelludo o la región genital juega un papel importante. Sin embargo, no es el sudor como tal el responsable directo del olor, sino las bacterias que descomponen ciertos compuestos presentes en la piel y en las secreciones cutáneas.
A lo largo de la vida, nuestra producción de lípidos y hormonas varía. Estudios científicos señalan que, con el envejecimiento, se alteran los niveles de algunas moléculas, como los ácidos grasos. La oxidación de estos compuestos puede generar aldehídos específicos, como el 2-nonenal, relacionado con los olores característicos en la vejez. Además, otros factores fisiológicos, como la disminución de la actividad de ciertas glándulas y cambios en la microbiota de la piel, también influyen.
Factores externos que influyen en el olor corporal
No solo la edad cronológica determina el olor que emitimos; existen factores externos y de estilo de vida que contribuyen a que el “olor a viejito” sea más o menos perceptible:
Dieta: Alimentos como cebolla, ajo o especias intensas pueden alterar la composición y la intensidad del olor corporal en general.
Higiene personal: El uso frecuente de productos perfumados, desodorantes o perfumes puede enmascarar los olores. Por otro lado, la disminución de la higiene en etapas avanzadas de la vida puede acentuar la presencia de compuestos olorosos.
Condiciones médicas: Enfermedades crónicas, ciertas medicaciones y desequilibrios hormonales pueden repercutir en la composición de la transpiración y los aceites cutáneos.
Hábitos de vida: Tabaquismo, consumo de alcohol y sedentarismo pueden modificar la química corporal y, por ende, su olor.
¿A qué edad aparece realmente?
No hay una edad exacta en la que aparezca el “olor a viejito”, ya que depende de factores genéticos, biológicos y del estilo de vida. Sin embargo, investigaciones sugieren que los cambios comienzan alrededor de los 30 – 40 años, cuando la producción y oxidación de ciertos compuestos cutáneos, como el 2-nonenal, se vuelven más evidentes.
En un estudio donde se analizaron muestras de adultos jóvenes (de 20 a 30 años), adultos de mediana edad (de 45 a 55 años) y adultos mayores (más de 75 años), se observó que los participantes lograban distinguir, por medio del olor, a los individuos de más edad con cierta facilidad. Este fenómeno concuerda con la idea de que la presencia de compuestos como el 2-nonenal aumenta progresivamente con los años.
Consejos para afrontar el olor a viejito
Aunque el “olor a viejito” no es en sí mismo un problema de salud, para algunas personas puede ser motivo de incomodidad o afectarles en su día a día. A continuación, se ofrecen algunos consejos:
Mantener una higiene adecuada: Tomar duchas con productos suaves y libres de fragancias agresivas puede ayudar a reducir la acumulación de bacterias en la piel.
Ropa y lavado frecuente: Usar tejidos naturales, como el algodón, favorece la transpiración y minimiza la formación de olores intensos. Lavar la ropa con frecuencia y secarla completamente también influye.
Buena hidratación y alimentación balanceada: Consumir suficiente agua y llevar una dieta rica en frutas, verduras y proteínas magras contribuye a un metabolismo y una salud de la piel más equilibrados.
Atención a la salud general: Controlar enfermedades crónicas, revisar la medicación y acudir regularmente al médico pueden evitar que se intensifiquen los cambios en el olor corporal.
Cambios en el estilo de vida: Reducir o eliminar el consumo de tabaco y alcohol, así como realizar ejercicio, ayuda a mantener una piel más sana.
En conclusión
Los cambios en el olor corporal a lo largo de la vida son un fenómeno real, respaldado por investigaciones que identifican variaciones en la composición química de la piel y en la actividad de las glándulas sudoríparas y sebáceas. Si bien no es posible señalar una edad fija en la que comienza el “olor a viejito”, los estudios apuntan a que los cambios en la producción y oxidación de ciertos componentes, como el 2-nonenal, se vuelven más notables a partir de los 40 años.
Lejos de ser motivo de vergüenza o tabú, el “olor a viejito” puede entenderse como una señal natural del envejecimiento, un proceso que forma parte de la vida y que refleja la compleja interacción de nuestros sistemas corporales. Comprender sus causas y mecanismos nos permite adoptar medidas para manejarlo con naturalidad y, sobre todo, para vivir de manera saludable y plena.
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Estoy muy interesada,pues no me gustan los malos olores,ya tengo 72,y no me siento mal olor,siempre me organizo muy bien,y me baño,todos los días.pero seguiré sus consejos,al pie de la letra .Gracias.me llamo Amparo Rivera