Sumergirse en agua caliente obliga al organismo a regular su temperatura. Para liberar calor, el cuerpo ajusta la circulación y modifica el trabajo del corazón.
Un equipo de la Universidad de Australia Occidental observó que una inmersión de 30 minutos redujo la presión arterial inmediatamente después del baño en adultos con sobrepeso u obesidad.
Además, los pequeños vasos sanguíneos de la piel se dilataron y transportaron más sangre, con una respuesta superior a la registrada tras ejercicio moderado.
Cómo estudiaron los efectos del agua caliente
La investigación, publicada en European Journal of Applied Physiology, incluyó a 25 personas de entre 45 y 70 años, con diez hombres y quince mujeres.
Cada participante completó dos sesiones en orden aleatorio. En una realizó ejercicio aeróbico en bicicleta estática; en otra permaneció sentado dentro de agua caliente.
Ambas sesiones duraron 30 minutos. Durante el baño, el agua se mantuvo a 40 °C y cubrió el cuerpo hasta debajo del pecho, incluidos los brazos.
Los investigadores compararon la presión arterial, los latidos y la temperatura corporal. También examinaron los vasos de la piel del antebrazo antes y después.
Para observarlos utilizaron imágenes obtenidas con luz infrarroja, una técnica que permite medir el diámetro vascular y el movimiento de la sangre sin procedimientos invasivos.
Qué cambios registraron en la presión arterial
Después de la inmersión, la presión sistólica, correspondiente al momento en que el corazón se contrae, descendió aproximadamente seis milímetros de mercurio en promedio.
La presión diastólica, registrada entre los latidos, disminuyó alrededor de diez milímetros de mercurio. Estas reducciones fueron mayores que las observadas después del ejercicio.
Al mismo tiempo, el corazón aceleró sus latidos durante ambas actividades, aunque el aumento fue mayor con la bicicleta que con la inmersión caliente.
La temperatura interna también subió en las dos sesiones. El incremento alcanzó aproximadamente 0,9 °C con el baño, frente a 0,7 °C con el ejercicio.
Estas mediciones describen la respuesta inmediata a una sesión. El seguimiento realizado no permite establecer cuánto tiempo se mantuvo la reducción de la presión arterial.
Cómo responde la circulación de la piel
Las imágenes mostraron vasos cutáneos más dilatados después del baño, junto con una mayor velocidad de circulación y un aumento del flujo sanguíneo local.
Según los autores, esta respuesta combina el calentamiento directo de la piel sumergida con el aumento de temperatura interna, que favorece la eliminación de calor.
Durante el ejercicio, en cambio, los músculos activos necesitan más sangre. Esto ayuda a explicar las diferencias observadas en la piel del antebrazo examinado.
La comparación evaluó actividades de igual duración, pero con distinta exposición al calor. Los resultados describen esas condiciones concretas y sus efectos sobre la circulación cutánea.
Los autores plantean estudiar el calentamiento pasivo como estímulo vascular complementario para personas con dificultades para ejercitarse, y determinar qué adaptaciones produce al repetirlo.




