Perder el control sobre cuánto se bebe puede afectar la salud y las relaciones personales. El deseo persistente de consumir alcohol dificulta su tratamiento.
Los investigadores Mette Kruse Klausen y Anders Fink-Jensen revisaron la evidencia clínica sobre medicamentos como la semaglutida, utilizados para tratar la diabetes y la obesidad.
Su revisión, publicada en Biological Psychiatry, describe reducciones del deseo de beber y del consumo de alcohol, especialmente entre participantes con sobrepeso u obesidad.
Del control del apetito al consumo de alcohol
Los fármacos estudiados activan los receptores de GLP-1, una hormona que ayuda a regular el azúcar en sangre, el apetito y la sensación de saciedad.
Entre ellos figuran la semaglutida, la liraglutida y la exenatida. Su posible aplicación frente al alcohol surgió tras reportes de pacientes que bebían menos.
La revisión reúne ensayos clínicos, registros sanitarios y experiencias de pacientes. Al momento de elaborarse, tres ensayos aleatorizados habían evaluado estos medicamentos específicamente para este trastorno.
El trastorno por consumo de alcohol implica dificultades para controlar la bebida y continuar consumiéndola pese a sus consecuencias negativas para la vida cotidiana.
Los registros sanitarios también relacionaron estos tratamientos con menos problemas vinculados al alcohol. Un estudio sueco encontró una asociación con menor riesgo de hospitalización.
Qué encontraron los ensayos realizados en personas
Un ensayo con 127 participantes evaluó exenatida junto con psicoterapia. En el conjunto de pacientes, no redujo significativamente los días de consumo elevado frente al placebo.
Sin embargo, al analizar por separado a quienes tenían obesidad, los investigadores encontraron reducciones tanto en esos días como en la cantidad total de alcohol.
Otro ensayo, publicado en 2025, incluyó a 48 adultos y evaluó semaglutida durante dos meses. Los participantes no estaban buscando tratamiento para dejar de beber.
Con semaglutida disminuyeron las ganas de beber y la cantidad consumida en los días en que bebían. También tomaron menos alcohol en una prueba de laboratorio.
El tercer ensayo incluyó a 108 pacientes con obesidad que buscaban tratamiento. La semaglutida redujo los días de consumo elevado respecto del grupo placebo.
Cómo podrían influir en las ganas de beber
Una posible explicación involucra los circuitos cerebrales de recompensa, que participan en la motivación para repetir experiencias placenteras y en el deseo de consumir alcohol.
En el ensayo con exenatida, las imágenes cerebrales mostraron una menor respuesta de regiones relacionadas con la recompensa ante estímulos asociados con bebidas alcohólicas.
Los autores también plantean posibles efectos de un vaciamiento más lento del estómago y de cambios en las señales que conectan el metabolismo con el cerebro.
La respuesta varió entre participantes, incluso con dosis altas. La revisión también recoge efectos adversos digestivos, como náuseas, vómitos y diarrea, durante estos tratamientos.
Los ensayos en desarrollo evalúan distintas dosis y presentaciones para determinar quiénes podrían beneficiarse y cómo incorporar estos medicamentos al tratamiento del consumo problemático.




