Cuando nos enojamos, podemos sentir la necesidad de descargar esa emoción. Gritar, golpear una almohada o salir a correr son algunas respuestas habituales para desahogarnos.
Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio analizaron 154 estudios para identificar qué actividades ayudan a reducir la ira. Encontraron mejores resultados al calmar el cuerpo.
La respiración profunda, la meditación y otras prácticas de relajación redujeron el enojo y la agresividad. Las actividades que aumentaban la excitación física no mostraron beneficios generales.
Qué ocurre en el cuerpo al enojarnos
La ira no solo cambia nuestros pensamientos. También acelera el corazón, aumenta la tensión muscular y prepara al organismo para responder ante una amenaza o provocación.
Esa preparación física puede acompañarse de un impulso de actuar. Por eso, algunas personas recurren a actividades intensas con la intención de liberar el enojo acumulado.
Sophie L. Kjærvik y Brad J. Bushman compararon estrategias que disminuyen esa activación corporal con otras que la incrementan, como golpear objetos o hacer ejercicio intenso.
Su investigación, publicada en Clinical Psychology Review, reunió datos de 10 189 participantes. Incluyó personas de distintas edades y actividades realizadas en diversos entornos.
Los resultados no respaldaron la idea de que descargar la rabia mediante actividades que intensifican la activación corporal sea una forma eficaz de reducirla.
Las actividades que sí ayudaron a calmarse
Las prácticas de meditación, atención plena, relajación y yoga redujeron la ira. Todas formaban parte del grupo de actividades orientadas a disminuir la activación del organismo.
Entre las estrategias estudiadas figuraban los ejercicios de respiración profunda y la relajación muscular, que ayudan a disminuir la tensión física que acompaña al enojo.
La atención plena consiste en prestar atención al momento presente. Algunas intervenciones guiaban a los participantes para concentrarse en su respiración o en sus sensaciones corporales.
Las actividades que combinaban relajación con estrategias para trabajar los pensamientos mostraron mayores beneficios que aquellas centradas únicamente en disminuir la activación física del cuerpo.
Los efectos también abarcaron la hostilidad y las conductas agresivas. Se observaron mejoras tanto en el enojo momentáneo como en la tendencia a enojarse frecuentemente.
El ejercicio tuvo efectos distintos sobre el enojo
Las actividades físicas no produjeron una respuesta uniforme. Trotar aumentó la ira en los estudios analizados, mientras que otras formas de ejercicio sí consiguieron reducirla.
Los deportes con pelota, como fútbol y voleibol, las clases de educación física y los programas que combinaban distintos ejercicios aeróbicos mostraron reducciones del enojo.
En cambio, golpear o patear objetos no produjo una reducción significativa. Tampoco se encontraron cambios concluyentes para actividades como caminar, nadar o levantar pesas.
Las prácticas de relajación funcionaron en sesiones individuales y grupales, mediante plataformas digitales o con acompañamiento presencial. Sus beneficios aparecieron en participantes de diferentes edades.
A partir de estos resultados, los autores proponen incorporar respiración, relajación, meditación, yoga y atención plena en los programas destinados a mejorar el manejo de la ira.




