Las pesadillas suelen ser vistas como simples alteraciones del sueño, producto del estrés o la ansiedad. Sin embargo, nuevos estudios científicos están revelando que podrían tener consecuencias mucho más profundas para nuestra salud.
Un creciente cuerpo de evidencia sugiere que las pesadillas frecuentes no solo perturban nuestro descanso nocturno, sino que también podrían estar asociadas con un envejecimiento acelerado del cuerpo humano.
Según un estudio reciente presentado en el Congreso Anual de la Academia Americana de Neurología, experimentar pesadillas al menos una vez por semana podría ser una señal de envejecimiento acelerado y aumentar significativamente el riesgo de muerte prematura.
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¿Qué son las pesadillas y cómo afectan nuestro cuerpo?
Las pesadillas son sueños intensamente desagradables que provocan miedo, ansiedad o angustia. En algunos casos, estas experiencias nocturnas pueden despertar al soñante, pero también existen los llamados “sueños angustiosos” que no necesariamente interrumpen el sueño.
De acuerdo con el Dr. Abidemi Otaiku, investigador principal del estudio, aproximadamente entre el 4% y el 10% de las personas experimentan sueños angustiosos semanalmente, mientras que hasta un 30% los tienen al menos una vez al mes.
Más allá de las molestias inmediatas, estas pesadillas podrían desencadenar una serie de respuestas fisiológicas. Por ejemplo, se ha observado que los malos sueños frecuentes elevan los niveles de cortisol, una hormona del estrés que, cuando se mantiene elevada, puede dañar tejidos y acelerar el envejecimiento celular.
Pesadillas como señal de envejecimiento acelerado
Uno de los hallazgos más impactantes del estudio es que las pesadillas frecuentes están asociadas con un envejecimiento más rápido, tanto a nivel celular como en el organismo en general. Esta asociación se midió a través de dos indicadores principales: la longitud de los telómeros y los relojes epigenéticos.
Los telómeros son estructuras que protegen los extremos de los cromosomas. A medida que envejecemos, estos se acortan. En el estudio, las personas que tenían pesadillas frecuentes mostraban telómeros significativamente más cortos, un marcador claro de envejecimiento celular.
Por otro lado, los relojes epigenéticos, como el DunedinPACE y el GrimAge2, proporcionan estimaciones del ritmo de envejecimiento del cuerpo en su totalidad. En este análisis, quienes reportaban pesadillas semanales presentaban puntuaciones epigenéticas que indicaban un envejecimiento acelerado del organismo.
Un riesgo real de muerte prematura
Además de envejecer más rápido, las personas con pesadillas frecuentes también tenían un riesgo tres veces mayor de morir antes de los 70 años, incluso al controlar factores como obesidad, tabaquismo o hipertensión.
En las cohortes estadounidenses estudiadas (MIDUS, WSC y MrOS), los participantes fueron seguidos durante más de 19 años. Durante ese periodo, se documentaron 227 muertes prematuras. Aquellos que reportaron sueños angustiosos semanales presentaron un riesgo de muerte prematura casi tres veces mayor (HR=2.57) que quienes no los sufrían con frecuencia.
Lo más sorprendente es que este riesgo fue incluso más alto que el asociado a factores de riesgo tradicionales como el tabaquismo o la obesidad, lo que refuerza la hipótesis de que las pesadillas no deben ser tomadas a la ligera.
¿Cuál podría ser el mecanismo detrás del fenómeno?
Aunque aún no se puede hablar de causalidad directa, el estudio propone varios mecanismos posibles para explicar por qué las pesadillas frecuentes podrían acelerar el envejecimiento y aumentar la mortalidad.
Uno de ellos es el estrés crónico. Las pesadillas actúan como un estresor emocional repetitivo, lo que puede desencadenar la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina durante la noche, afectando el sistema inmunológico, el sistema cardiovascular y los procesos metabólicos.
Además, el sueño fragmentado y de mala calidad causado por los sueños angustiosos podría alterar la regeneración celular, reducir la producción de melatonina (una hormona con propiedades antioxidantes) y provocar inflamación sistémica, otro factor vinculado al envejecimiento acelerado.
Pesadillas y enfermedades neurodegenerativas
No es la primera vez que las pesadillas se vinculan con enfermedades graves. Estudios previos liderados también por el Dr. Otaiku han identificado asociaciones entre los sueños angustiosos y un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson, deterioro cognitivo y demencia en etapas avanzadas de la vida.
Además, se ha observado que las personas que experimentan pesadillas de forma persistente desde la infancia tienen más probabilidades de padecer enfermedades neurodegenerativas en la adultez, lo que sugiere que la frecuencia y persistencia de estas experiencias oníricas podría ser un factor predictivo de salud a largo plazo.
¿Las pesadillas son más dañinas que el tabaquismo?
Uno de los hallazgos más provocadores del estudio es que los efectos de las pesadillas frecuentes sobre la salud podrían ser incluso mayores que los del tabaquismo, la obesidad y la hipertensión combinados.
Este resultado pone de relieve la necesidad de considerar la salud del sueño como un componente esencial del bienestar general. Mientras que las campañas de salud pública abordan activamente el tabaquismo y la alimentación, los problemas del sueño —y en particular las pesadillas— siguen siendo subestimados por la mayoría de las personas y profesionales de la salud.
¿Cómo saber si tus pesadillas representan un riesgo?
No todas las pesadillas son motivo de preocupación. Ocasionales sueños angustiosos pueden ser una respuesta normal al estrés. Sin embargo, si estas experiencias ocurren al menos una vez por semana, podrían estar indicando que el cuerpo está sometido a una carga emocional o fisiológica elevada.
Si además las pesadillas vienen acompañadas de cansancio diurno, ansiedad, depresión o dificultad para concentrarse, es recomendable consultar con un especialista en sueño o salud mental.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Aunque este estudio no abordó intervenciones terapéuticas, los autores subrayan que tratar las pesadillas podría ser una vía potencial para ralentizar el envejecimiento biológico y reducir el riesgo de muerte prematura.
Terapias como la terapia de ensayo en imágenes (Imagery Rehearsal Therapy), la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) y técnicas de relajación han mostrado efectividad en la reducción de pesadillas en personas con trastornos de ansiedad o estrés postraumático.
Adicionalmente, mantener una buena higiene del sueño, evitar el consumo de estimulantes antes de dormir y gestionar el estrés diario también puede contribuir a reducir la frecuencia e intensidad de las pesadillas.
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Conclusión
Las pesadillas frecuentes no son solo un problema nocturno pasajero. De acuerdo con el estudio presentado por el Dr. Abidemi Otaiku y su equipo, podrían ser una importante señal de envejecimiento acelerado y un indicador temprano de problemas de salud más graves, incluyendo la muerte prematura.
Este hallazgo abre una nueva ventana hacia la comprensión del sueño como marcador biológico, no solo de salud mental, sino también del envejecimiento y la longevidad. Preguntarnos por la calidad de nuestros sueños podría ser tan importante como revisar nuestra presión arterial o niveles de colesterol.
- Otaiku, A. (2025). Distressing Dreams and Risk of Premature Mortality: A Population-based Multicohort Study. Presentado en el Congreso Anual de la American Academy of Neurology. Disponible en [Link].
- Brauser, D. (2025). Frequent Nightmares Linked to Faster Aging, Premature Death. Medscape Medical News. Recuperado de [Link]
