Salud-Bienestar

Parálisis del sueño o subida del muerto ¿en qué consiste este trastorno..?

Según algunos cálculos, hasta un 60% de las personas han sufrido alguna vez en su vida un extraño y angustioso episodio en el que, o bien justo al entrar en el sueño o bien al despertarse, han sentido que no podían mover ni los brazos ni el tronco ni el cuello ni las piernas, además de sentir una fuerte presión en el pecho.

Es decir, es como si estuvieran muertos pero conscientes. De ahí que en algunos países de Latinoamérica se llame a este trastorno «la subida del muerto», aunque técnicamente se lo denomine «parálisis del sueño».

La persona que se encuentra bajo esta parálisis, está cognitivamente despierta, pero experimenta una sensación de paralización de, prácticamente, toda la musculatura voluntaria excepto los ojos y el diafragma respiratorio. También es característica la paralización de la laringe, lo cual imposibilita el habla de la persona mientras se produce este trastorno del sueño.

La duración de estos episodios suele ser variable. Generalmente son de una duración corta, de entre veinte segundos hasta dos minutos. Pasado ese tiempo, la parálisis remite espontáneamente y sin consecuencias. Hablar de un período de duración más largo es inhabitual.

¿Por qué se produce la parálisis del sueño?

En orden de frecuencia (de mayor a menor probabilidad), las causas por las que un individuo puede llegar a desarrollar parálisis del sueño son:

1: Asociado a otra patología: La parálisis del sueño puede ser síntoma de otra enfermedad. La más frecuente es la narcolepsia, una enfermedad por la que se tienen dificultades para mantenerse despierto durante el día. Estos pacientes presentan de manera muy frecuente ataques de cataplejia (paralización muscular), parálisis del sueño y alucinaciones hipnagógicas.

2: Causa aislada relacionada a privación del sueño severa: En segundo lugar, la parálisis del sueño afecta a sujetos sanos que se encuentran sometidos a privación del sueño severa.

3: Causa de tipo familiar: La causa de tipo hereditario es la menos frecuente. Se produce cuando hay varios miembros de la familia que padecen parálisis del sueño como síntoma único.

Para proceder a su diagnóstico, en primer lugar, habrá que descartar que el paciente sufra narcolepsia. Seguidamente, se hará una investigación sobre cuánto duerme o cuánto necesita dormir el paciente y, en su caso, determinar si hay déficit de sueño.

Si estas dos circunstancias no se producen habrá que pensar si hay más casos en la familia y se presenta, por tanto, como síntoma único.

Por tanto, si la parálisis del sueño aparece como síntoma aislado no tiene mayor importancia y no suele ser necesario tratarlo. En caso de que persista durante más de tres o cuatro semanas seguidas o de que produzca una pérdida de calidad de vida y no permita conciliar bien el sueño, habrá que acudir al especialista ya que puede realizarse un tratamiento.

La clave está en el descanso.

El estrés o el jet lag son situaciones que comúnmente desencadenan los episodios de parálisis del sueño. Esto es así, en la medida en que al dormir menos, se entra en privación del sueño y puede producirse este trastorno como síntoma del sueño.

Mantener horarios de sueño estables, dormir por lo menos siete horas y media cada día, evitar trabajos por turnos, trasnochar o evitar la toma de fármacos que influyan sobre el sueño REM (como antidepresivos), ayudará a que estemos menos predispuestos a padecer parálisis del sueño.

Sobre los antidepresivos, señala el doctor que “son un arma de doble filo”. Estos pueden ser fármacos para tratar la parálisis del sueño pero a la vez, la utilización de antidepresivos pueden dar lugar a parálisis del sueño una vez se interrumpe el tratamiento.

“Existe una lista de medicamentos que pueden tener relevancia en este sentido, por ello, deberíamos consultar al médico si la medicación que estamos tomando interfiere en este trastorno”, advierte.

¿Existen riesgos para la salud?

No, “la parálisis del sueño no entraña ningún riesgo para la salud”, asevera García-Borreguero. La duración de estos episodios es breve y no implica la paralización de ningún tejido muscular necesario para las funciones vitales.

No obstante, la primera vez que ocurre “la persona suele asustarse y pensar que la ha dado un ictus o un accidente isquémico transitorio”, reconoce. En caso de que la parálisis vaya acompañada de alucinaciones hipnagógicas, el paciente “podrá pensar que se está volviendo loco”.

En definitiva, es una situación que se vive con cierta angustia y en la que el paciente debe mantener el control, ya que no corre ningún peligro y pasados unos segundos o minutos, la parálisis cederá sin consecuencias.

Fuente: Agencia EFE.

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