Durante más de 150 años, un fósil enorme desconcertó a los científicos. No estaba claro si era crustáceo, escorpión u otra criatura.
Ahora, una revisión moderna acaba de inclinar la balanza: aquel animal habría sido un escorpión gigante del Devónico temprano.
Su tamaño resulta difícil de imaginar. Hace más de 400 millones de años, pudo moverse entre ríos antiguos como un depredador enorme.
Un fósil que confundió a generaciones
El animal se llama Praearcturus gigas y fue hallado en rocas antiguas de Inglaterra y Gales.
Al inicio, en el siglo XIX, fue descrito como un posible isópodo, un grupo relacionado con los crustáceos.
Con el paso del tiempo, otros investigadores lo compararon con varios artrópodos, incluidos euriptéridos y formas parecidas a miriápodos.
Esa confusión no era extraña: los fósiles están incompletos, deformados y conservan solo partes del cuerpo.
Pero el nuevo estudio revisó el material con fotografías, dibujos científicos y datos tomográficos para reinterpretar sus rasgos.
Las pistas que apuntan a escorpión gigante
Los autores identificaron estructuras que encajan mejor con un escorpión que con un crustáceo.
Entre ellas destacan grandes pedipalpos, las extremidades delanteras que en los escorpiones forman las pinzas.
También encontraron una estructura esternal alargada y triangular, parecida a la observada en escorpiones fósiles más claramente reconocidos.
Otro detalle clave fue una superficie estriada en una de las coxas, compatible con un órgano de estridulación.
Con esas evidencias, los investigadores también concluyeron que fósiles antes separados pertenecían al mismo animal.
Un depredador enorme en un mundo joven
El hallazgo es muy llamativo porque Praearcturus vivió hace unos 415 a 412 millones de años.
En ese momento, los ecosistemas terrestres todavía estaban en expansión y los grandes depredadores de tierra firme eran raros.
Además, los fósiles proceden de antiguos ambientes fluviales, por lo que los investigadores creen que pudo haber tenido hábitos acuáticos.
Eso significa que quizá no caminaba solo en tierra, sino también cerca de ríos, orillas y zonas inundadas.
Más que un fósil extraño, este animal ayuda a entender cómo surgieron los primeros grandes depredadores entre los artrópodos.




