Un pequeño bulto en el abdomen puede parecer inofensivo, pero en algunos casos podría significar algo mucho más serio. Muchas personas viven años con una hernia abdominal sin mayores complicaciones, pero bajo ciertas condiciones, este “bultito” puede convertirse en una emergencia médica.
La hernia abdominal ocurre cuando órganos o tejidos internos atraviesan un punto débil en la pared abdominal. Aunque en su fase inicial puede no causar dolor, su evolución puede derivar en cuadros peligrosos, como la incarceración o la estrangulación.
En este artículo informativo, exploraremos qué es exactamente una hernia en el abdomen, cuándo puede volverse peligrosa, y cuáles son los síntomas que alertan la necesidad de atención médica urgente.
¿Qué es una hernia abdominal?
La hernia abdominal es una protrusión anormal de órganos o tejidos, como grasa o intestino, a través de un defecto o debilidad en la pared abdominal. Según el estudio de Yang y Liu (2014), existen diferentes tipos, siendo las más frecuentes la hernia inguinal, umbilical, femoral e incisional.
Por ejemplo, la hernia inguinal representa el 95% de los casos y afecta principalmente a varones. En mujeres, especialmente de mediana edad y con sobrepeso, predominan las hernias umbilicales. Las hernias femorales y obturatrices, aunque menos frecuentes, tienen mayor riesgo de complicaciones, especialmente en adultos mayores.
Estos defectos pueden ser congénitos o adquiridos. Las causas comunes incluyen debilidad muscular hereditaria, intervenciones quirúrgicas previas, envejecimiento, obesidad, tabaquismo, esfuerzo físico excesivo y enfermedades que incrementan la presión intraabdominal, como el estreñimiento crónico, tos persistente o ascitis.
Hernia incarcerada y estrangulada: una urgencia quirúrgica
El “bultito” en el abdomen se convierte en una emergencia cuando ocurre una incarceración. Esto significa que el contenido herniado queda atrapado fuera de la cavidad abdominal, sin posibilidad de retornar a su posición normal.
Según las guías de la World Society of Emergency Surgery (WSES, 2017), si la incarceración progresa, puede afectar la irrigación sanguínea del tejido comprometido, provocando necrosis. Esta condición se conoce como hernia estrangulada, y puede causar obstrucción intestinal, perforación, peritonitis, shock y hasta la muerte.
Los síntomas incluyen dolor abdominal intenso y persistente, náuseas, vómitos, distensión abdominal, ausencia de evacuaciones y fiebre. La piel sobre la hernia puede tornarse roja, caliente y dolorosa. En estos casos, la intervención quirúrgica inmediata es vital.
Criterios diagnósticos y pruebas complementarias
El diagnóstico de una hernia complicada se basa en el examen físico y en pruebas por imagen. La tomografía computarizada (TC) es especialmente útil para confirmar incarceración o estrangulación, revelando dilatación intestinal, engrosamiento de paredes, signos de isquemia o contenido atrapado.
Además, el ultrasonido Doppler permite evaluar el flujo sanguíneo dentro del saco herniario. La presencia de líquido libre, asas intestinales fijas y edema mural son indicadores de alarma. Estudios bioquímicos pueden mostrar leucocitosis, elevación de lactato y marcadores de daño tisular, como la creatina fosfoquinasa (CPK).
Tratamiento: cirugía urgente y abordaje mínimamente invasivo
La hernia estrangulada requiere cirugía de emergencia. El objetivo es reducir el contenido herniado, evaluar su viabilidad y reparar el defecto de la pared abdominal. Si hay necrosis intestinal, es necesaria la resección del segmento afectado.
El enfoque quirúrgico puede ser abierto o laparoscópico. Según Yang (2017), la laparoscopía ofrece ventajas como menor dolor posoperatorio, recuperación más rápida y menor riesgo de infecciones o hernias incisionales.
No obstante, en casos con peritonitis, perforación o contaminación significativa, se prefiere la cirugía abierta. El uso de mallas para refuerzo depende del grado de contaminación y del estado del paciente.
En campos limpios o con contaminación controlada, se puede usar malla sintética. En casos de alto riesgo de infección, se considera el uso de mallas biológicas o cierre primario sin malla.
Prevención y seguimiento
Para prevenir complicaciones, es esencial tratar hernias no complicadas antes de que se incarceren. Según Reinke y Matthews (2020), el retraso quirúrgico incrementa significativamente el riesgo de resección intestinal, sepsis y mortalidad.
La evaluación perioperatoria debe incluir optimización del estado general del paciente, control de enfermedades crónicas, suspensión del tabaquismo y pérdida de peso cuando sea necesario. Además, los pacientes deben ser instruidos para reconocer signos de alerta y buscar ayuda médica oportuna.
El seguimiento posterior a la cirugía permite detectar recaídas, infecciones o complicaciones asociadas, y asegurar una recuperación adecuada.
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Conclusión
Una hernia abdominal no siempre es una amenaza inmediata, pero puede volverse una emergencia cuando ocurre una incarceración o estrangulación. Reconocer los síntomas de alarma, buscar atención oportuna y optar por un tratamiento quirúrgico adecuado puede marcar la diferencia entre una resolución sencilla y una situación potencialmente mortal.
Promover el diagnóstico precoz y la intervención programada en hernias simples podría reducir significativamente la carga de emergencias quirúrgicas asociadas a esta patología.
1. Birindelli, A., Sartelli, M., Di Saverio, S., et al. (2017). 2017 update of the WSES guidelines for emergency repair of complicated abdominal wall hernias. World Journal of Emergency Surgery. DOI: 10.1186/s13017-017-0149-y
2. Reinke, C. E., & Matthews, B. D. (2020). What’s New in the Management of Incarcerated Hernia. Journal of Gastrointestinal Surgery. DOI: 10.1007/s11605-019-04352-4
3. Yang, G. P. C. (2017). Laparoscopy in emergency hernia repair. Annals of Laparoscopic and Endoscopic Surgery. DOI: 10.21037/ales.2017.05.05
4. Yang, X. F., & Liu, J. L. (2014). Acute incarcerated external abdominal hernia. Annals of Translational Medicine. DOI: 10.3978/j.issn.2305-5839.2014.11.05
