Dejar una tarea para mañana puede parecer una simple falta de disciplina. Sin embargo, detrás de esa decisión suelen esconderse cansancio, miedo, distracción o inseguridad.
La procrastinación no ocurre de la misma manera en todas las personas. Algunas temen fracasar, otras buscan placer inmediato y muchas están demasiado agotadas para comenzar.
El investigador Itamar Shatz plantea que reconocer el patrón responsable de nuestras postergaciones permite elegir una estrategia adecuada y actuar antes de que aumenten las consecuencias.
Los nueve tipos de procrastinadores que existen
Tras revisar cientos de investigaciones sobre psicología, economía conductual y neurociencia, Shatz organizó las principales causas de la procrastinación en nueve perfiles que pueden combinarse.
- El preocupado anticipa problemas y queda paralizado por la ansiedad. Necesita identificar sus temores, dividir la tarea y comenzar por una acción manejable.
- El pesimista subestima sus capacidades y cree que fracasará. Fortalecer su confianza y recordar logros anteriores puede ayudarlo a dar el primer paso.
- El perfeccionista espera condiciones ideales y teme equivocarse. Para avanzar, debe aceptar que un resultado imperfecto siempre puede corregirse y mejorarse.
- El soñador imagina grandes resultados, pero descuida las acciones presentes. Necesita transformar sus aspiraciones en objetivos concretos, pequeños y medibles.
- El inconstante salta continuamente entre actividades. Establecer prioridades, reducir distracciones y completar una tarea antes de iniciar otra evita ese constante zigzagueo.
- El rebelde posterga cuando siente que otros controlan sus decisiones. Encontrar razones personales para actuar le permite recuperar autonomía sin perjudicarse.
- El buscador de emociones fuertes espera hasta el límite porque disfruta trabajar bajo presión. Crear plazos anticipados reduce los riesgos del último minuto.
- El hedonista elige aquello que produce placer inmediato. Retirar tentaciones y asociar pequeñas recompensas con el progreso puede facilitar el comienzo.
- El agotado carece de energía física o emocional. Necesita descansar, reducir exigencias, dormir adecuadamente y buscar apoyo antes de continuar acumulando responsabilidades.
La emoción que intentamos evitar al postergar
Aunque los perfiles describen comportamientos diferentes, varios comparten un mismo proceso: evitar las emociones desagradables que aparecen cuando pensamos en realizar una tarea.
La psicóloga Fuschia Sirois explica que una actividad difícil, aburrida o incierta puede generar ansiedad, frustración, inseguridad, cansancio o miedo a recibir críticas.
Postergarla proporciona un alivio emocional inmediato. Durante algunos minutos u horas, desaparece el malestar, pero la responsabilidad continúa pendiente y las consecuencias aumentan.
Este alivio puede reforzar la procrastinación. Después aparecen culpa, estrés y presión, emociones que vuelven la tarea todavía más difícil de afrontar.
Por eso, organizar mejor el tiempo no siempre resulta suficiente. También necesitamos reconocer qué sentimos y qué característica de la actividad está provocando nuestra resistencia.
Cómo comenzar ahora y romper el ciclo
El primer paso es identificar la emoción. Pregúntate si estás evitando ansiedad, aburrimiento, inseguridad, agotamiento, pérdida de control o la posibilidad de cometer errores.
Luego, reduce la tarea hasta convertirla en una acción sencilla: abrir un documento, escribir una frase o trabajar únicamente durante cinco minutos.
También conviene retirar el teléfono, cerrar pestañas innecesarias y preparar el espacio. Reducir las distracciones impide que el malestar encuentre una salida inmediata.
Tratarte con dureza puede aumentar la culpa y prolongar la postergación. Una actitud menos crítica facilita reconocer el problema y volver a intentarlo.
Finalmente, no esperes a sentir motivación. Comienza con una acción breve y concreta, porque muchas veces las ganas de continuar aparecen después de ponerse en movimiento.




