El estreñimiento suele relacionarse con dificultad para evacuar, pero una nueva revisión científica muestra que sus mecanismos podrían extenderse mucho más allá del movimiento intestinal.
Las alteraciones más profundas aparecen principalmente en personas con estreñimiento de tránsito lento, una forma grave en la que las heces avanzan con demasiada lentitud.
Los investigadores analizaron cómo la microbiota, la barrera intestinal, el sistema inmunitario y las neuronas del intestino podrían participar conjuntamente en este trastorno.
Cuando la microbiota altera el equilibrio intestinal
La microbiota produce sustancias que influyen directamente en la digestión, la barrera intestinal y las señales encargadas de coordinar el movimiento del colon.
En personas con estreñimiento se han encontrado cambios en diferentes microorganismos intestinales, aunque todavía no existe una composición microbiana común para todos los pacientes.
Algunas investigaciones detectaron una menor presencia de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, compuestos que nutren las células intestinales y favorecen la motilidad.
También se ha relacionado una mayor producción de metano con un tránsito intestinal más lento, especialmente en personas que presentan estreñimiento persistente o resistente.
Estos cambios podrían crear un ambiente capaz de debilitar la barrera intestinal y modificar la comunicación entre microorganismos, células inmunitarias y neuronas entéricas.
El sistema inmunitario alcanza las neuronas intestinales
Cuando la barrera intestinal se vuelve vulnerable, determinados productos microbianos pueden entrar en mayor contacto con células inmunitarias presentes en las capas del intestino.
Entre ellas aparecen los mastocitos y macrófagos, capaces de liberar sustancias inflamatorias que modifican la actividad de las neuronas responsables de controlar la motilidad.
Las células gliales entéricas también participan en este intercambio. Normalmente protegen y sostienen a las neuronas, pero pueden cambiar su comportamiento ante señales inflamatorias prolongadas.
Así, una alteración inicialmente relacionada con la microbiota podría extenderse hacia los circuitos nerviosos que coordinan las contracciones necesarias para desplazar el contenido intestinal.
Los autores organizaron esta posible secuencia en un modelo que conecta señales microbianas, vulnerabilidad de la barrera, activación inmunitaria y alteraciones neuromusculares posteriores.
Las alteraciones aparecen en casos más graves
En pacientes con estreñimiento grave de tránsito lento se han observado cambios estructurales en el sistema nervioso entérico, conocido popularmente como el “segundo cerebro” intestinal.
También se ha documentado una menor densidad de células intersticiales de Cajal, encargadas de generar y coordinar las señales eléctricas que impulsan las contracciones intestinales.
Cuando estas células disminuyen o sus redes se desorganizan, el colon puede perder parte de su capacidad para mover las heces de manera coordinada.
La evidencia disponible todavía no permite establecer si estos cambios inician el estreñimiento, aparecen después de años de tránsito lento o se refuerzan mutuamente.
Por ahora, los tratamientos continúan centrados en aliviar los síntomas. Comprender estas conexiones podría ayudar a identificar distintos tipos de pacientes y orientar intervenciones más personalizadas.




