Cada año, diversas bacterias desarrollan nuevos mecanismos para resistir los antibióticos. Este proceso se ha vuelto más frecuente y representa un reto creciente para la salud pública mundial. La resistencia antimicrobiana ya no es un fenómeno excepcional: avanza de manera constante y afecta tratamientos habituales en distintos países.
Dentro de este panorama, Salmonella Typhi —la bacteria que causa la fiebre tifoidea— se ha convertido en una de las principales preocupaciones. Según el estudio publicado en The Lancet Microbe, esta bacteria ha generado variantes resistentes que han surgido repetidamente en diferentes regiones del mundo. Su capacidad para adaptarse y expandirse ha modificado la forma en que se controla la enfermedad.
La expansión global de Salmonella Typhi resistente se ha documentado en varios continentes. Esta bacteria se desplaza con facilidad a través de los viajes y de los movimientos de población, estableciéndose en nuevos territorios y aumentando el riesgo de brotes difíciles de tratar.
Mutaciones que impulsan su resistencia
El estudio publicado en The Lancet Microbe muestra que la resistencia de Salmonella Typhi no se originó en un único evento. Más de 100 apariciones independientes fueron registradas durante las últimas décadas. Esto significa que la bacteria ha tenido múltiples oportunidades para reforzar su capacidad de sobrevivir a los antibióticos.
Entre las variantes más estudiadas se encuentran las triple mutantes, que combinan modificaciones genéticas asociadas a un nivel alto de resistencia. Estas variantes se han establecido principalmente en India y Nepal, donde desplazaron a las cepas sensibles en periodos relativamente cortos.
Cada una de estas mutaciones contribuye a reducir la efectividad de los tratamientos habituales. Esto genera dificultades clínicas, incrementa los tiempos de recuperación y limita las alternativas terapéuticas disponibles.
Transmisión internacional en aumento
Según el estudio, se han registrado al menos 197 eventos de transmisión internacional de variantes resistentes. De estos, 59 correspondieron a desplazamientos intercontinentales. La mayoría de las variantes se originaron en el sur de Asia y posteriormente se expandieron hacia África, el sudeste asiático y otros países.
La transmisión es consistente con patrones de movilidad humana. Cuando una variante resistente llega a un nuevo territorio, tiende a establecerse y a reemplazar a las cepas menos resistentes. Esto puede ocurrir en pocos años y dificulta el control de los brotes.
La presencia de estas variantes en viajeros también indica que la expansión no está limitada a regiones endémicas. Países con baja incidencia de tifoidea pueden recibir casos importados, lo que aumenta la importancia de la vigilancia epidemiológica.
La aparición de la cepa XDR
En 2016, el estudio documentó la aparición en Pakistán de una variante conocida como cepa XDR, que presenta resistencia a casi todos los antibióticos orales utilizados para tratar la fiebre tifoidea. Esta variante se expandió rápidamente y sustituyó a las demás en la región.
El tratamiento de infecciones causadas por la cepa XDR requiere medicamentos administrados por vía intravenosa. Esto genera dificultades adicionales en zonas con sistemas de salud limitados, ya que implica mayores costos y una infraestructura más compleja.
Además, el estudio observó la aparición de resistencia a azitromicina en Bangladesh, India y Nepal. Este antibiótico es una de las pocas opciones orales que aún conservan eficacia. La combinación de resistencia a azitromicina con las características de la cepa XDR representaría un desafío importante para el manejo clínico.
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Conclusión
Los resultados del estudio, evidencian que la expansión global de Salmonella Typhi resistente continúa avanzando. Las mutaciones se multiplican, las variantes se desplazan entre países y los tratamientos pierden efectividad.
Los investigadores destacan la importancia de fortalecer la vigilancia genómica, promover el uso adecuado de antibióticos e implementar programas de vacunación en los países más afectados. La resistencia antimicrobiana es un problema en evolución constante, y comprender su dinámica es fundamental para mejorar las estrategias de control.
