Las orcas ocupan la cima de la cadena alimentaria oceánica. Sin embargo, existe una criatura cuyo sonido basta para alterar por completo su comportamiento.
Al escucharlo, estos temidos cazadores aceleran, cambian de dirección, estrechan sus grupos y se alejan. La reacción aparece incluso sin otro animal presente.
El responsable es el calderón común, un cetáceo más pequeño que la orca, pero capaz de provocar una respuesta compatible con la percepción de una amenaza.
El sonido que hace reaccionar a las orcas
Científicos de Islandia y varios centros europeos investigaron esta extraña relación mediante experimentos controlados realizados en una zona donde las orcas cazan arenques.
El equipo colocó sensores de movimiento y sonido sobre ocho orcas salvajes. Estos dispositivos registraron su velocidad, dirección, profundidad, vocalizaciones y comportamiento grupal.
Después, los investigadores realizaron 15 reproducciones acústicas: ocho con sonidos de calderones, cinco con ruido de control y dos con una señal artificial ascendente.
Este diseño permitió comprobar si las orcas reaccionaban específicamente a las vocalizaciones del otro cetáceo o simplemente ante cualquier sonido desconocido bajo el agua.
La respuesta fue mucho más intensa con las llamadas de los calderones. Las orcas comenzaron a desplazarse rápidamente y mostraron una marcada tendencia a alejarse.

Las orcas aceleraron y cerraron sus filas
Durante las reproducciones, la velocidad media de las orcas aumentó de 1,5 a 2,7 metros por segundo mientras avanzaban de forma más directa.
Cuatro de las ocho orcas modificaron claramente su rumbo para alejarse. Otras ya nadaban en esa dirección o aceleraron al pasar cerca del altavoz.
También redujeron la distancia entre individuos, se alinearon con mayor frecuencia y coordinaron su desplazamiento, comportamientos asociados con respuestas colectivas ante posibles amenazas.
Sus vocalizaciones también cambiaron. En varios ensayos comenzaron llamando con mayor frecuencia, posiblemente para alertarse y coordinar el movimiento antes de abandonar el lugar.
Después de escuchar los sonidos, muchas quedaron en silencio. Esta reacción podría disminuir su detección, aunque también estaría relacionada con el cambio hacia un desplazamiento rápido.
Una persecución cuyo motivo sigue sin resolverse
Los calderones comunes suelen aproximarse a las orcas en grupos numerosos, vocalizando intensamente y, algunas veces, persiguiéndolas a velocidades que alcanzan los 25 kilómetros por hora.
Este comportamiento se parece al acoso colectivo observado cuando varios animales se agrupan para hostigar a un depredador hasta obligarlo a abandonar una zona.
Las observaciones registradas en el Atlántico Norte muestran que las orcas normalmente evitan estos encuentros. Sin embargo, no existen ataques físicos confirmados de calderones contra ellas.
Los autores plantean que una multitud ruidosa podría representar una amenaza, interferir con la comunicación de las orcas o volver demasiado costosa cualquier confrontación.
El estudio no demuestra que las orcas experimenten terror como los humanos. Sí confirma que reconocen esas llamadas y responden como si enfrentaran un riesgo potencial.




