Los leones dominan la sabana con fuerza, garras y enormes mandíbulas. Sin embargo, su presencia no provoca la reacción más intensa entre los animales.
Miles de grabaciones revelaron que numerosas especies huyen con mayor frecuencia al escuchar a otro depredador, incluso dentro de una extensa área protegida.
Ese depredador somos nosotros. La voz humana fue suficiente para alterar el comportamiento de animales capaces de enfrentarse a amenazas realmente peligrosas.
Las voces humanas desataron la mayor reacción
Investigadores instalaron cámaras y altavoces cerca de abrevaderos del Gran Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica, donde habita una importante población de leones.
Los dispositivos reprodujeron conversaciones humanas en idiomas locales, gruñidos de leones, ladridos de perros, disparos y sonidos de aves utilizados como control.
Todos los sonidos fueron emitidos con un volumen similar. Las personas hablaban tranquilamente, mientras los leones gruñían como si se comunicaran entre ellos.
En total, el experimento reunió 4.238 exposiciones independientes y registró las respuestas de 19 especies de mamíferos durante la estación seca.
Rinocerontes, elefantes, jirafas, leopardos, hienas, cebras, kudús, facóqueros e impalas estuvieron entre los animales captados mientras escuchaban las diferentes grabaciones.
El miedo atravesó toda la comunidad animal
Al escuchar conversaciones humanas, los animales tuvieron el doble de probabilidad de correr que cuando oyeron las vocalizaciones de los leones.
También abandonaron los abrevaderos un 40 % más rápido. La reacción superó incluso la provocada por ladridos y disparos asociados con actividades de caza.
En 18 de las 19 especies estudiadas, los animales corrieron más o se alejaron con mayor rapidez frente a las voces humanas.
Las jirafas, leopardos, hienas, cebras, kudús, facóqueros e impalas corrieron significativamente más. Los rinocerontes y elefantes abandonaron el agua con mayor rapidez.
La reacción revela que los animales pueden distinguir directamente nuestras voces. Los sonidos relacionados con humanos, como perros y disparos, generaron respuestas menos intensas.
Una respuesta que también aparece muy lejos
El mismo patrón apareció después en Australia, donde otro equipo reprodujo voces humanas y sonidos de distintos depredadores frente a marsupiales silvestres.
Canguros, wallabies, pademelones y pósums escucharon personas hablando, perros ladrando, demonios de Tasmania gruñendo, lobos aullando y ovejas utilizadas como control.
Los marsupiales huyeron 2,4 veces más ante las voces humanas que frente a los perros, el segundo estímulo que más temor provocó.
Además de escapar, aumentaron su vigilancia. Algunos animales permanecieron atentos y cambiaron de postura, señales utilizadas para evaluar la percepción de peligro.
El miedo puede modificar dónde comen, beben y descansan los animales. También podría aprovecharse para alejarlos de cultivos o zonas frecuentadas por cazadores furtivos.




