Mucho antes de que la memoria comience a fallar, el Alzheimer puede estar provocando cambios silenciosos en el cerebro. Una investigación relacionó ese proceso con los niveles de vitamina D.
Al seguir a adultos sin demencia, los investigadores encontraron que quienes tenían niveles más altos de vitamina D alrededor de los 39 años presentaban una menor acumulación cerebral de tau 16 años después.
La relación apareció desde los 39 años, una etapa en la que estas alteraciones cerebrales todavía pueden pasar completamente desapercibidas.
La señal apareció dieciséis años más tarde
El estudio analizó a 435 participantes del Framingham Heart Study, quienes tenían una edad promedio de 39 años cuando proporcionaron las muestras sanguíneas.
Los investigadores midieron la concentración de 25-hidroxivitamina D, el principal indicador utilizado para conocer cuánta vitamina D circula en el organismo.
Aproximadamente 16 años después, los participantes fueron examinados mediante tomografía por emisión de positrones, conocida como PET, para observar tau y beta-amiloide.
Los resultados mostraron que quienes presentaban mayores concentraciones de vitamina D tenían una carga cerebral de tau significativamente menor durante el seguimiento.
La asociación permaneció incluso después de considerar edad, sexo, obesidad, tabaquismo, diabetes, presión arterial, depresión, enfermedades cardiovasculares y estación del año.
La proteína tau concentró toda la atención
Tau cumple normalmente una función esencial dentro de las neuronas. Sin embargo, cuando se modifica y acumula anormalmente, puede alterar su funcionamiento y favorecer su deterioro.
Las menores concentraciones de tau aparecieron tanto globalmente como en regiones afectadas tempranamente por el Alzheimer, incluida la corteza entorrinal y varias áreas temporales.
Estas regiones participan en procesos como la formación de recuerdos y suelen mostrar alteraciones durante las primeras etapas biológicas de la enfermedad.
Sin embargo, la vitamina D no mostró ninguna relación con la acumulación de beta-amiloide, la otra proteína estrechamente asociada con el desarrollo del Alzheimer.
Los autores plantean que tau puede comenzar a acumularse antes que el amiloide en determinadas zonas, facilitando su detección en adultos relativamente jóvenes y asintomáticos.
Lo que el hallazgo permite afirmar ahora
La vitamina D interviene en funciones inmunitarias y antioxidantes. Sus receptores también se encuentran ampliamente distribuidos en el cerebro, incluido el hipocampo.
Estudios experimentales sugieren que su deficiencia podría aumentar la inflamación, el estrés oxidativo y la fosforilación anormal que favorece la acumulación patológica de tau.
Aun así, esta investigación encontró una asociación: no administró vitamina D ni demostró que los suplementos puedan eliminar tau o prevenir directamente el Alzheimer.
Además, la vitamina fue medida una sola vez. Los hábitos alimentarios, la exposición solar y el metabolismo de cada participante pudieron cambiar durante los años posteriores.
El siguiente paso será comprobar si corregir la deficiencia de vitamina D durante la mediana edad puede reducir la acumulación de tau y proteger el cerebro a largo plazo.




