Durante siglos, la humanidad ha intentado responder una pregunta fascinante: ¿cuál es el verdadero origen de la conciencia? Este enigma ha capturado a filósofos, médicos y científicos, generando teorías que van desde lo espiritual hasta lo estrictamente biológico.
En la actualidad, los avances de la neurociencia han permitido acercarse a una respuesta. Tradicionalmente, se pensaba que la conciencia residía exclusivamente en el cerebro superior, especialmente en la corteza cerebral, región asociada con el pensamiento complejo y la memoria.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Neuroscience and Biobehavioral Reviews cuestiona esta visión. Los investigadores han identificado estructuras cerebrales mucho más antiguas y profundas, en el subcórtex, como posibles responsables de generar las experiencias conscientes más básicas.
Dónde nace la conciencia realmente
El estudio revisa décadas de investigaciones sobre correlatos neuronales de la conciencia. Hasta ahora, la mayoría de los esfuerzos se habían enfocado en la corteza frontal y posterior, pero los resultados nunca fueron concluyentes.
Esto abrió la posibilidad de que el secreto no estuviera en la superficie del cerebro, sino en sus capas más primitivas.
De acuerdo con la revisión, estructuras como el tálamo, el hipotálamo y el tronco encefálico cumplen un papel decisivo en la aparición de la experiencia subjetiva.
Cuando estas zonas sufren lesiones graves, la conciencia se apaga por completo, algo que no ocurre necesariamente con daños corticales.
Este hallazgo resalta que la conciencia podría tener un origen más antiguo de lo que imaginábamos, vinculado a regiones cerebrales conservadas en la evolución y responsables de funciones vitales como la respiración, el sueño y las emociones primarias.
Evidencia en humanos y animales
Los científicos recopilaron datos de pacientes con graves lesiones cerebrales y de modelos animales sometidos a decorticación experimental.
Sorprendentemente, en ausencia de corteza cerebral, muchos mostraban comportamientos que sugerían experiencia, como respuestas emocionales, aprendizaje básico o expresiones de dolor.
En humanos con hidranencefalia, una condición donde gran parte de la corteza está ausente, se observaron reacciones claras a estímulos, reconocimiento de voces y respuestas emocionales.
Esto sugiere que la conciencia no depende exclusivamente de la corteza, sino que puede emerger desde estructuras subcorticales más profundas.
En animales como gatos y ratas, los experimentos mostraron que incluso sin corteza conservaban conductas sociales, sexuales y de juego. Estos hallazgos desafían la visión clásica y apuntan a que el subcórtex es suficiente para sostener una forma básica de conciencia.
El papel de la corteza y el cerebelo
Aunque la corteza no parece ser estrictamente necesaria, su contribución es indudable. En individuos típicamente desarrollados, la corteza organiza experiencias complejas, como la memoria autobiográfica o la autoconciencia.
Daños en regiones específicas pueden alterar la manera en que percibimos el mundo, aunque rara vez eliminan por completo la experiencia subjetiva.
El cerebelo, tradicionalmente relegado al control motor, también aparece en la ecuación. La evidencia muestra que influye en procesos cognitivos y emocionales, y que su estimulación puede modificar percepciones conscientes.
Esto revela que la conciencia es el resultado de una red interdependiente, donde múltiples estructuras dialogan entre sí.
Un giro en la ciencia de la conciencia
Este cambio de paradigma implica reconsiderar cómo entendemos los estados de consciencia alterados, desde el coma hasta los trastornos mínimos de conciencia. También abre nuevas vías terapéuticas, como la estimulación dirigida al tálamo o al tronco encefálico para recuperar funciones perdidas.
Según el artículo, el subcórtex es suficiente para sostener experiencias básicas, mientras que la corteza y el cerebelo enriquecen y organizan esas vivencias. En otras palabras, la raíz de la conciencia parece estar mucho más profunda de lo que creíamos.
Conclusión
El origen de la conciencia, lejos de hallarse únicamente en la corteza, se encuentra en estructuras subcorticales ancestrales. Estas regiones sostienen las formas más básicas de experiencia, mientras que corteza y cerebelo amplían y refinan la vivencia consciente.
Este descubrimiento no solo transforma la manera en que comprendemos la mente humana, sino que también ofrece esperanza en el tratamiento de pacientes con alteraciones severas de la conciencia.
Coppola, P. (2025). A review of the sufficient conditions for consciousness. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. DOI: 10.1016/j.neubiorev.2025.106333

Extraordinario descubrimiento!