El cerebro distingue las señales que recibe mediante redes de neuronas conectadas. Comprender cómo se desarrolla esa capacidad es uno de los desafíos de estudiarlo en laboratorio.
Investigadores de la Universidad de Tokio conectaron tres organoides cerebrales humanos, conocidos como «minicerebros», y mejoraron su capacidad para diferenciar señales según su origen.
Tras dos semanas de estimulación, la red produjo respuestas más diferenciadas y rápidas. El experimento permitió estudiar cómo los estímulos repetidos modifican los circuitos neuronales.
Tres tejidos cerebrales unidos mediante conexiones neuronales
Los organoides se generaron a partir de células madre humanas capaces de convertirse en distintos tipos celulares. Estos tejidos reproducen algunas características del cerebro en desarrollo.
Aunque se los llama «minicerebros», son pequeños modelos de tejido cerebral cultivados en laboratorio. Contienen neuronas y otras células, organizadas en redes que generan actividad eléctrica.
El equipo colocó uno, dos o tres organoides sobre dispositivos con numerosos electrodos, capaces de aplicar estímulos eléctricos y registrar las respuestas de las neuronas.
Durante más de dos semanas, las neuronas extendieron sus prolongaciones y establecieron conexiones entre los tejidos. Así se formaron las redes utilizadas en el experimento.
En los grupos de tres, dos organoides recibían los estímulos y el tercero proporcionaba la respuesta registrada. Esta distribución permitió evaluar señales procedentes de lugares diferentes.
Dos semanas de estímulos cambiaron sus respuestas
Los investigadores estimularon diariamente dos puntos distintos, cien veces cada uno, durante catorce días. Después analizaron si las respuestas permitían identificar dónde había comenzado cada señal.
Para medirlo, utilizaron programas que clasificaban la actividad registrada. Cuanto más diferentes fueran las respuestas, más fácil resultaba reconocer cuál de los puntos había sido estimulado.
Al principio, ambos estímulos generaban patrones muy parecidos. Identificar su procedencia mediante esas respuestas ofrecía un resultado cercano al que se obtendría al elegir al azar.
Con la estimulación repetida, las redes de tres organoides mejoraron significativamente. Los tejidos aislados y las parejas no mostraron una mejora equivalente bajo las mismas condiciones.
Las redes que permanecieron en cultivo sin recibir estimulación diaria tampoco mejoraron. El cambio dependía de la exposición repetida a los estímulos durante el experimento.
Las conexiones se reorganizaron dentro de la red
La mejora estuvo acompañada por cambios en la actividad neuronal. Distintas zonas respondían de manera más diferenciada según el origen de la señal que recibían.
Además, las respuestas a los estímulos se volvieron más rápidas y estables. Los investigadores detectaron cambios en las conexiones funcionales dentro de los organoides y entre ellos.
También cambió la dirección predominante de la actividad espontánea. Esta comenzó a propagarse con mayor frecuencia desde los dos organoides de entrada hacia el tercero.
Los tejidos, generados bajo condiciones iguales, desarrollaron respuestas especializadas dentro de la red. La organización de sus conexiones permitió que procesaran de manera diferente los estímulos.
El equipo propone utilizar este método con organoides derivados de pacientes o expuestos a fármacos para investigar cómo las alteraciones de conectividad afectan su funcionamiento.




