Inmunología Neurociencia

Científicos afirman que las células inmunes cerebrales facilitan a la adicción del alcohol.

Además de ser uno de los productos básicos más importantes, con unos 2.000 millones de consumidores a nivel global, las bebidas alcohólicas y particularmente su consumo en exceso representan una proporción sustancial de la carga de salud mundial.

El alcohol tiene una gran capacidad para inducir neuroadaptaciones que promueven la formación de fuertes hábitos de consumo y conductas adictivas, en algunos casos llevando al desarrollo del trastorno por consumo de alcohol.

Activación del sistema inmune

La forma en que el alcohol produce sus potentes efectos adictivos a pesar de ser un reforzador débil es un enigma que no se entiende bien y que probablemente dificulta el desarrollo de intervenciones exitosas para limitar el consumo excesivo.

En este sentido, un estudio realizado por una colaboración que involucró investigadores de varias instituciones europeas, concluyó que la activación del sistema inmunitario podría eventualmente perpetuar algunos de los efectos nocivos del alcohol, como la adicción.

Los investigadores han observado que el alcohol puede aumentar su capacidad adictiva al cambiar la geometría del cerebro, específicamente la materia gris, lo que se atribuye a las células del sistema inmunitario que residen en el cerebro, llamadas microglia.

El alcohol, como sustancia nociva, provoca la activación de estas células de defensa, lo que conduce a un cambio en sus características bioquímicas y en su forma, que cambia de ser ramificado a una forma más redondeada o ameboide.

Un mecanismo para la promover la adicción

Este cambio de forma altera la geometría del espacio extracelular, permitiendo una mayor difusión de sustancias que estarían limitadas en ausencia de alcohol, entre ellas la dopamina, un neurotransmisor que es particularmente relevante en los procesos de recompensa y adicción.

Un aumento en la concentración y el rango de difusión de neurotransmisores como la dopamina, puede convertir las débiles propiedades gratificantes del alcohol en potentes efectores en la formación de hábitos de bebida que pueden eventualmente provocar adicción en algunas personas.

Usando una estrategia experimental de múltiples niveles, incluyendo ratas, durante y después de beber alcohol, así como en pacientes con trastorno por consumo de alcohol e individuos saludables, los investigadores evidenciaron que hay una difusividad promedio más alta en la materia gris cerebral de los humanos y las ratas que consumen alcohol con regularidad.

Los resultados combinados mostraron un aumento generalizado de la difusividad en la materia gris tanto de animales como de pacientes con trastorno pro consumo de alcohol, que persiste en la abstinencia temprana. En las ratas, este aumento en la materia gris está acompañado por la reducción de la tortuosidad de espacio extracelular y está vinculado a una reacción microglial.

Modelando la difusividad de la dopamina, el equipó mostró que el consumo crónico de alcohol aumentó las concentraciones de neurotransmisores con el tiempo. Por lo tanto, el aumento de la difusividad en el espacio extracelular podría ser un mecanismo del alcohol para la promover la adicción al potenciar los efectos de largo alcance de la dopamina.

Sobre la base de estos resultados, los autores del estudio señalan que el entendimiento que aporta este estudio abre una vía que potencialmente podría ayudar revertir estos cambios en el cerebro y desarrollar tratamientos más efectivos.

Mayor información: Silvia De Santis, Alejandro Cosa-Linan, Raquel Garcia-Hernandez, et al. «Chronic alcohol consumption alters extracellular space geometry and transmitter diffusion in the brain». Science Advances, Published: 24 June, 2020.

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