El cáncer de riñón puede reaparecer después de una cirugía, incluso cuando se ha extirpado todo el tumor visible. Evitar esas recaídas sigue siendo un desafío.
Un equipo de investigadores probó una vacuna personalizada en nueve pacientes operados, con alto riesgo de recaída, como parte de un ensayo clínico de fase 1.
Todos desarrollaron respuestas inmunitarias frente a componentes de la vacuna y ninguno presentó una reaparición del cáncer durante el seguimiento, según los resultados publicados en Nature.
Una vacuna diseñada a partir de cada tumor
Los participantes tenían carcinoma renal de células claras, un tipo de cáncer de riñón. Siete presentaban enfermedad en estadio III y dos en estadio IV.
Antes de vacunarse, todos habían pasado por una cirugía que eliminó la enfermedad visible. El tratamiento experimental se administró después, buscando generar defensas contra el tumor.
Para elaborar cada vacuna, los investigadores analizaron material genético del tejido tumoral e identificaron mutaciones que permitieran distinguir las células cancerosas de las células sanas.
Esas alteraciones originan fragmentos de proteínas llamados neoantígenos, que el sistema inmunitario puede reconocer como extraños. Los científicos seleccionaron varios para preparar una formulación individual.
Cada participante recibió entre ocho y diecinueve fragmentos sintéticos. Así, la vacuna ofrecía múltiples objetivos para dirigir la respuesta inmunitaria hacia características particulares de su cáncer.
Las defensas reconocieron señales de las células cancerosas
Las vacunas activaron linfocitos T, células defensivas capaces de reconocer señales específicas y participar en la respuesta contra el cáncer. Esto ocurrió en los nueve participantes.
En pruebas de laboratorio, los investigadores también detectaron que los linfocitos de siete pacientes reaccionaban contra células de sus propios tumores, conservadas para realizar estos análisis.
Algunas respuestas se dirigieron contra alteraciones genéticas que impulsan el desarrollo tumoral. Entre ellas había mutaciones en genes relacionados con este tipo de cáncer renal.
Además, determinadas poblaciones de linfocitos T aumentaron después de la vacunación y permanecieron expandidas durante años, mostrando una respuesta inmunitaria que persistía tras las últimas dosis.
Cinco participantes recibieron también ipilimumab, un medicamento que estimula la respuesta inmunitaria, cerca del lugar de vacunación. Los otros cuatro recibieron la vacuna sin ese fármaco.
El seguimiento registró ausencia de recaídas tras vacunarse
El seguimiento después de la cirugía superó los 40 meses en la mitad de los pacientes y, desde la primera vacunación, casi los 35 meses. Ninguno presentó una recaída del cáncer.
Los efectos secundarios más frecuentes fueron reacciones locales en el sitio de inyección y síntomas pasajeros similares a los de la gripe, generalmente de intensidad leve.
Ningún participante presentó toxicidad de grado 3 o superior relacionada con el tratamiento. Un paciente falleció por causas ajenas al cáncer renal y a la intervención.
El ensayo evaluó la seguridad y la actividad inmunitaria de esta estrategia después de la cirugía. No incluyó un grupo de comparación que permaneciera sin vacunar.
Los autores plantean realizar ensayos aleatorizados más amplios para determinar su eficacia clínica y explorar combinaciones con otros tratamientos que refuercen la respuesta inmunitaria antitumoral.




