Un nuevo estudio publicado en la revista Science of The Total Environment revela que los microplásticos, especialmente los microfibras (MFs) y microesferas (MBs), se encuentran en prácticamente todas las plantas de tratamiento de aguas residuales del mundo.
Aunque el agua parece “limpia” después de pasar por las plantas de tratamiento, estos pequeños fragmentos de apenas unos milímetros o incluso micrómetros logran escapar y volver al medio ambiente, afectando ecosistemas, animales y hasta nuestra propia salud.
Los microplásticos nacen de nuestra vida cotidiana
Los científicos revisaron decenas de investigaciones sobre la presencia de microplásticos en el agua. Su análisis confirma que los microfibras son los más abundantes. Estas provienen principalmente de telas sintéticas como el poliéster, nylon o acrílico, que liberan miles de fibras con cada lavado.
Estas microfibras son tan pequeñas y ligeras que viajan fácilmente por las tuberías, resisten los procesos de depuración y terminan en ríos, mares y hasta en el aire. Por su parte, las microesferas (microbeads) son partículas esféricas de plástico que se usaban en exfoliantes, pastas dentales o detergentes.
Aunque muchos países ya las prohibieron, todavía se encuentran residuos en el ambiente por su uso masivo en décadas pasadas.
Las plantas de tratamiento no pueden con ellos
El problema, según el estudio, es que las plantas de tratamiento de aguas residuales (WWTPs) no están diseñadas para eliminar completamente los microplásticos. Aun cuando logran retener una parte, millones de partículas escapan y vuelven al entorno natural. Algunas se depositan en el lodo, otras flotan en el agua tratada, y muchas son liberadas nuevamente al sistema fluvial.
Los investigadores señalan que las concentraciones de microplásticos varían según la región, el tipo de agua y el sistema de tratamiento, pero en todos los casos ninguna planta logra eliminarlos por completo.
Los microplásticos liberan químicos peligrosos
Los microplásticos no solo contaminan físicamente el agua: también actúan como esponjas químicas. Según el estudio, su estructura porosa y su composición les permite absorber y transportar contaminantes como metales pesados, pesticidas, retardantes de llama o aditivos industriales.
Una vez dentro de los ecosistemas, liberan lentamente estas sustancias tóxicas, afectando a los organismos acuáticos. Se ha comprobado que peces, moluscos y crustáceos ingieren microplásticos, lo que altera sus funciones fisiológicas, su crecimiento y su reproducción. Y lo más alarmante: estos contaminantes pueden llegar a nosotros a través de la cadena alimentaria.
Los humanos también estamos expuestos
Aunque aún no se conoce con precisión el impacto de los microplásticos en la salud humana, los autores del estudio advierten que ya se han encontrado microplásticos en la sangre, los pulmones, la leche materna y la placenta.
Su tamaño microscópico les permite atravesar barreras biológicas y alojarse en diferentes tejidos del cuerpo. Se sospecha que podrían causar estrés celular, inflamación, alteraciones hormonales e incluso daños neurológicos, aunque todavía se necesitan estudios más profundos para confirmar estos efectos.
La ropa es una de las principales fuentes de contaminación
El informe resalta que una sola lavadora puede liberar más de 700 000 microfibras por ciclo, provenientes de prendas hechas de materiales sintéticos. Estas fibras llegan a los sistemas de alcantarillado y, finalmente, a las plantas de tratamiento.
El auge de la moda rápida (fast fashion) ropa barata y de corta duración ha agravado el problema, ya que la mayoría de estas prendas están fabricadas con plásticos como poliéster o nylon, que no son biodegradables y pueden persistir cientos de años.
Las microesferas todavía persisten pese a las prohibiciones
Aunque el uso de microesferas plásticas en cosméticos fue prohibido en varios países, aún se detectan en el agua. El estudio destaca que más del 90 % de las microesferas usadas en productos cosméticos están hechas de polietileno (PE), aunque también se utilizan polipropileno (PP) o poliestireno (PS).
Estas pequeñas esferas, que alguna vez fueron valoradas por su poder de limpieza y suavidad, ahora son una fuente de contaminación persistente.
Conclusión
Los microplásticos son una amenaza invisible pero constante. Están en el aire, en los alimentos y, sobre todo, en el agua. Este estudio muestra que las plantas de tratamiento no pueden eliminarlos completamente, y que tanto las microfibras de la ropa como las microesferas cosméticas siguen circulando en el planeta.
Si no se toman medidas urgentes, estos contaminantes seguirán acumulándose en nuestros cuerpos y ecosistemas. Cambiar los materiales que usamos, exigir leyes más estrictas y consumir de forma responsable son pasos esenciales para cuidar el agua y a nosotros mismos.
