Un paso tras otro, tu caminar puede estar diciendo mucho más de lo que imaginas. Lo que parece un simple movimiento cotidiano, en realidad podría estar reflejando cómo funciona tu cerebro.
Recientes investigaciones sugieren que ciertas características en la forma de caminar podrían ser indicadores tempranos de condiciones neurológicas como el autismo. Esta posibilidad está captando la atención de científicos, clínicos y familias de todo el mundo.
Estudiar el caminar humano se ha convertido en una herramienta clave para detectar patrones motores que podrían ayudar a identificar el autismo desde edades tempranas, incluso antes de que aparezcan otras señales clínicas.
De hecho, muchas personas con autismo nunca fueron diagnosticadas. Llevan vidas aparentemente normales, pero estudios revelan que ciertos patrones sutiles, como su forma de caminar, podrían delatar su neurodivergencia oculta.
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¿Por qué la forma de caminar puede indicar autismo?
La marcha humana es un proceso complejo que involucra múltiples regiones del cerebro. Estudios han demostrado que niños y adultos con autismo presentan diferencias motoras que se manifiestan en su forma de caminar.
Según el estudio publicado en Autism Research, las personas con autismo tienden a caminar más lento, con pasos más anchos y mayor variabilidad entre zancadas. Además, presentan mayor tiempo de apoyo en el suelo y diferencias en la duración del ciclo de la marcha.
Estas anomalías se relacionan con alteraciones en el cerebelo y los ganglios basales, regiones encargadas de la coordinación y secuenciación del movimiento. Las diferencias también pueden verse afectadas por la forma en que el cerebro procesa la información sensorial.
Señales de autismo en la forma de caminar
Una de las señales más comunes es el “toe-walking” o caminar en puntas de pie, observado con mayor frecuencia en niños autistas. Este patrón puede mantenerse más allá de los primeros años de vida.
También se han documentado casos de “in-toeing” (pies hacia adentro) y “out-toeing” (pies hacia afuera). Más allá de lo visible, estudios indican que existen diferencias sutiles en el equilibrio, la estabilidad postural y la planificación motora.
Un artículo publicado en Research in Autism Spectrum Disorders reveló que los niños con autismo y marcha en puntas de pie presentan mayor dificultad en el lenguaje, menor desarrollo cognitivo y mayor severidad del autismo en comparación con aquellos que no tienen ese patrón.
La neurobiología del caminar en el autismo
La ciencia apunta a diferencias estructurales y funcionales en regiones clave del cerebro. El cerebelo ayuda a ajustar los movimientos usando información visual y propioceptiva, mientras que los ganglios basales secuencian las acciones motoras para que el caminar se sienta automático y fluido.
En personas autistas, estas estructuras pueden estar conectadas de forma atípica, lo que afecta la calidad de la marcha. Además, algunos investigadores proponen que ciertos patrones de marcha, como el toe-walking, podrían ser la manifestación de reflejos primitivos persistentes, es decir, respuestas motoras que normalmente desaparecen en la infancia.
Esta teoría sugiere que el caminar en puntas podría no ser una simple cuestión de hábito, sino una señal de inmadurez neuromotora.
¿Cómo se estudian estas diferencias?
Científicos han desarrollado herramientas de análisis de marcha utilizando sensores de movimiento, plataformas de presión y cámaras de alta velocidad. Estos dispositivos permiten detectar patrones motores que a simple vista podrían pasar desapercibidos.
Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Integrative Neuroscience destaca cómo la tecnología está permitiendo identificar marcadores digitales de movimiento que podrían integrarse a futuras evaluaciones clínicas del autismo.
Estos avances están transformando la manera en que comprendemos el autismo, no solo desde lo cognitivo o social, sino también desde lo motor y sensorial.
¿Se puede intervenir o tratar la marcha autista?
No todos los patrones de marcha requieren tratamiento. Sin embargo, si interfieren con la vida diaria, como caídas frecuentes o dolor muscular, se puede considerar intervención.
Fisioterapia, ejercicios de equilibrio y actividades como artes marciales o deportes con pelota han mostrado mejorar el control motor en niños autistas. Un metaanálisis publicado en Frontiers in Pediatrics confirma que el ejercicio físico puede beneficiar tanto la motricidad como las habilidades sociales y conductuales.
El enfoque terapéutico debe ser personalizado. Algunos niños solo presentan diferencias sutiles que no requieren apoyo. Otros pueden beneficiarse de un seguimiento continuo para mejorar su calidad de vida.
Tu forma de caminar podría estar brindándote información valiosa sobre tu salud en general. En el caso del autismo, observar el movimiento corporal puede ayudar a identificar señales tempranas y brindar apoyos más oportunos.
La ciencia está demostrando que las señales de autismo en la forma de caminar no son simples curiosidades, sino parte de una compleja red de manifestaciones neurológicas.
Entenderlas puede cambiar la vida de muchas personas y familias, abriendo el camino hacia una detección más temprana y un acompañamiento más humano.
El uso de paracetamol en el embarazo podría aumentar el riesgo de TDAH y autismo en los niños.
- Camia, M. et al. (2024). Toe walking in children and adolescents with Autism Spectrum Disorder: Relationship with sensory and motor functions, language, cognition, and autism severity. Research in Autism Spectrum Disorders. DOI: 10.1016/j.rasd.2024.102457
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