Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica esencial para la salud mental, física y emocional. Sin embargo, millones de personas recurren a las pastillas para dormir como una solución rápida a los problemas de insomnio, sin conocer realmente los efectos que estas pueden acarrear.
Tomar medicamentos para dormir puede parecer una salida efectiva cuando el sueño se vuelve esquivo. Pero tras esta aparente solución se ocultan riesgos que van mucho más allá del simple sueño inducido. Desde dependencia hasta problemas cognitivos, los efectos pueden perdurar incluso al despertar.
Los riesgos de tomar pastillas para dormir deben entenderse desde una perspectiva científica, integral y preventiva. En este artículo, exploraremos por qué el insomnio medicado no siempre es la mejor opción, y qué dice la ciencia sobre sus consecuencias ocultas.
El insomnio: más que una noche sin dormir
El insomnio es uno de los trastornos del sueño más comunes, con una prevalencia global estimada del 10 al 30 %, y en algunos países puede llegar hasta el 50 % en poblaciones adultas mayores.
Se caracteriza por la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o por despertar demasiado temprano, y suele estar acompañado de fatiga diurna, irritabilidad y disminución del rendimiento cognitivo (Soyka et al., 2023).
Si bien existen causas fisiológicas (como alteraciones hormonales), también hay factores psicológicos, sociales y ambientales que influyen. Por eso, su abordaje debe ser amplio y personalizado. Sin embargo, muchas personas optan por el uso de medicamentos sedantes sin considerar otras estrategias más seguras y efectivas a largo plazo.
Fármacos para dormir: qué son y cómo actúan
Las pastillas para dormir incluyen principalmente benzodiacepinas (como el diazepam o lorazepam), fármacos similares llamados Z-drugs (zolpidem, zopiclona) y otros como antidepresivos o antipsicóticos utilizados fuera de indicación. Actúan sobre el sistema GABAérgico, un neurotransmisor que inhibe la actividad cerebral, generando sensaciones de relajación y somnolencia.
Su uso puede estar justificado en el corto plazo (menos de 4 semanas), por ejemplo, tras un evento traumático o en casos de insomnio severo. Pero su eficacia disminuye con el tiempo debido a la tolerancia, y su uso prolongado está vinculado con graves efectos adversos (Zee et al., 2023).
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Efectos secundarios de las pastillas para dormir
Los efectos de tomar pastilla para dormir no se limitan a la noche de consumo. Diversos estudios han demostrado que los fármacos hipnóticos pueden producir:
- Somnolencia residual al día siguiente.
- Dificultades cognitivas: menor concentración, deterioro de la memoria, disminución de la velocidad de procesamiento.
- Trastornos del equilibrio y mayor riesgo de caídas y fracturas, especialmente en personas mayores.
- Reacciones paradójicas como ansiedad, irritabilidad o incluso alucinaciones.
A esto se suma que el consumo regular puede llevar a dependencia física y psicológica. Al suspender bruscamente el tratamiento, muchas personas experimentan un “insomnio de rebote” o síntomas de abstinencia (Modesto-Lowe et al., 2024).
Riesgos a largo plazo: una visión científica
Un estudio publicado en Frontiers in Psychiatry advierte que el uso prolongado de benzodiacepinas y Z-drugs se asocia con dependencia, deterioro cognitivo y un mayor riesgo de desarrollar otros trastornos como depresión y ansiedad.
Otra investigación en Journal of Clinical Sleep Medicine identificó que los pacientes con insomnio que toman sedantes presentan un riesgo más alto de sufrir trastornos psiquiátricos como trastorno bipolar, esquizofrenia y abuso de sustancias.
Además, el uso continuado de estos fármacos ha sido vinculado con mayor incidencia de cáncer y hasta aumento en la tasa de mortalidad en algunos estudios observacionales.
El impacto en la vida cotidiana
Más allá de los riesgos clínicos, los efectos de tomar pastillas para dormir se sienten en lo cotidiano. El estudio publicado en Sleep Disorders reveló que el 80 % de los pacientes reportaron efectos residuales, como somnolencia matutina y dificultad para concentrarse, afectando su desempeño laboral, relaciones personales y calidad de vida en general.
Estos efectos también influyen en la satisfacción con el tratamiento, generando un círculo vicioso: mientras menos efectivo resulta el fármaco, más dosis se consumen, incrementando los riesgos.
Opciones terapéuticas más seguras
La ciencia recomienda la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) como el tratamiento de primera línea. Esta estrategia no farmacológica ayuda a cambiar pensamientos y conductas que interfieren con el sueño, y ha demostrado mayor eficacia y seguridad que los fármacos en el largo plazo.
Otras medidas efectivas incluyen:
- Rutinas de sueño regulares.
- Reducción de estimulantes y pantallas antes de dormir.
- Ejercicio físico moderado.
- Prácticas de relajación o mindfulness.
En casos en los que el tratamiento farmacológico sea necesario, se recomienda utilizar la dosis más baja por el menor tiempo posible, y siempre bajo supervisión médica.
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Conclusión
Tomar pastillas para dormir puede parecer una solución sencilla al insomnio, pero esconde riesgos que deben conocerse. La dependencia, los efectos cognitivos y el impacto en la salud mental y física hacen que su uso deba ser siempre puntual y vigilado.
La alternativa más segura y efectiva es abordar el insomnio desde una mirada integral, centrada en terapias conductuales, cambios de hábitos y atención médica personalizada. El sueño es salud, y recuperarlo requiere algo más que una píldora.
- Fitzgerald, T., & Vietri, J. (2015). Residual effects of sleep medications are commonly reported and associated with impaired patient-reported outcomes among insomnia patients in the United States. Sleep Disorders. DOI: 10.1155/2015/607148
- Soyka, M., et al. (2023). Long-term use of benzodiazepines in chronic insomnia: a European perspective. Frontiers in Psychiatry. DOI: 10.3389/fpsyt.2023.1212028
- Chung, K. H., et al. (2015). Risk of psychiatric disorders in patients with chronic insomnia and sedative-hypnotic prescription: a nationwide population-based follow-up study. Journal of Clinical Sleep Medicine. DOI: 10.5664/jcsm.4700
- Zee, P. C., et al. (2023). Long-Term Use of Insomnia Medications: An Appraisal of the Current Clinical and Scientific Evidence. Journal of Clinical Medicine. DOI: 10.3390/jcm12041629
- Capiau, A., et al. (2023). Therapeutic dilemmas with benzodiazepines and Z-drugs: insomnia and anxiety disorders versus increased fall risk. European Geriatric Medicine. DOI: 10.1007/s41999-022-00731-4
- Modesto-Lowe, V., et al. (2024). Reducing the risks when using benzodiazepines to treat insomnia: A public health approach. Cleveland Clinic Journal of Medicine. DOI: 10.3949/ccjm.91a.23061

No explica sobre la terapia cognitivo- conductual