Un fármaco recetado desde hace décadas para tratar la diabetes tipo 2 podría tener un efecto inesperado: prolongar la vida humana. Investigadores estadounidenses descubrieron que las mujeres que toman metformina presentan una mayor probabilidad de alcanzar los 90 años, en comparación con quienes usan otros medicamentos.
El hallazgo, publicado en The Journals of Gerontology, surgió de un estudio que analizó los efectos de la metformina frente a las sulfonilureas, dos tratamientos comunes para la diabetes. Los resultados apuntan a un aumento del 24% en la probabilidad de longevidad excepcional entre las usuarias de metformina.
Este descubrimiento podría consolidar a la metformina como el primer medicamento que aumenta la longevidad humana, más allá del control de la glucosa. Sin embargo, los expertos insisten en que se necesitan ensayos clínicos controlados antes de confirmar un efecto causal.
La metformina: más que un tratamiento para la diabetes
La metformina es un medicamento que se receta desde mediados del siglo XX para reducir los niveles de glucosa en sangre. Actúa mejorando la sensibilidad a la insulina y disminuyendo la producción hepática de glucosa. Pero su influencia va más allá del metabolismo.
Según el estudio, la metformina también regula vías biológicas relacionadas con el envejecimiento, como la señalización de la insulina y del factor de crecimiento IGF-1, la reducción de especies reactivas de oxígeno y la activación de la enzima AMPK. Estas acciones contribuyen a disminuir el daño celular y la inflamación, dos procesos clave en el envejecimiento biológico.
Además, la metformina estimula el gen FOXO3, conocido como el “gen de la longevidad”, asociado con una mayor supervivencia en diversos organismos. Este mecanismo biológico podría explicar por qué las personas que la toman presentan menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer y demencia.
Un estudio que simula un ensayo clínico real
Los investigadores de la Universidad de California en San Diego y otras instituciones realizaron un estudio observacional con diseño de target trial emulation, un método que imita un ensayo clínico controlado utilizando datos reales.
Se analizaron más de 400 mujeres mayores de 60 años con diabetes tipo 2 pertenecientes al Women’s Health Initiative, una de las cohortes más extensas de salud femenina en Estados Unidos. Todas fueron emparejadas por edad, estilo de vida, índice de masa corporal y enfermedades previas para garantizar comparaciones justas.
Los resultados mostraron que el riesgo de morir antes de los 90 años fue un 30% menor en las mujeres que iniciaron tratamiento con metformina frente a las que usaron sulfonilureas. Este hallazgo sugiere un beneficio significativo del medicamento que aumenta la longevidad, incluso sin buscarlo directamente.
Posibles mecanismos del aumento de longevidad
El estudio plantea que la metformina podría actuar como un geroterapéutico, es decir, un fármaco que modula las rutas biológicas del envejecimiento.
En modelos animales, la metformina ha mostrado prolongar la vida hasta en un 14% y retrasar la aparición de tumores. En humanos, se ha asociado con una menor incidencia de enfermedades relacionadas con la edad, aunque los resultados han sido mixtos.
Los autores señalan que, si bien no se puede afirmar que la metformina prolongue directamente la vida humana, su efecto protector frente a patologías crónicas podría traducirse en una mayor supervivencia.
De hecho, otras investigaciones han demostrado que quienes la consumen viven más tiempo que las personas sin diabetes, lo que sugiere un posible impacto en la longevidad biológica.
Cautela ante los resultados
Aunque el estudio es el primero en vincular la metformina con la posibilidad de alcanzar los 90 años o más, los autores advierten que no se debe interpretar como una prueba definitiva.
Al tratarse de un estudio observacional, no se puede establecer causalidad directa. Además, el análisis se limitó a mujeres posmenopáusicas y no incluyó un grupo placebo, por lo que sus resultados no pueden generalizarse a toda la población.
Sin embargo, los datos respaldan la necesidad de ensayos como el Targeting Aging with Metformin (TAME), un estudio en desarrollo que busca determinar si este fármaco realmente retrasa el envejecimiento y las enfermedades asociadas.
