Por qué algunas personas son más atractivos que otros para los mosquitos.

Es imposible esconderse de un mosquito hembra, ya que persigue a cualquier miembro de la especie humana siguiendo nuestras exhalaciones de CO2, el calor corporal y el olor del cuerpo.

Pero algunos de nosotros somos muy atractivos y exquisitos para los mosquitos, por lo tanto, recibimos muchas picaduras en un día de camping.

El grupo sanguíneo, el nivel de azúcar en la sangre, el consumo de ajo o plátanos, el hecho de ser mujer y de ser niño son teorías populares para explicar por qué alguien puede ser muy atractivo para los mosquitos.

Sin embargo, para la mayoría de ellas hay pocos datos creíbles, dice Leslie Vosshall, directora del Laboratorio de Neurogenética y Comportamiento de la Universidad Rockefeller.

Por ello, los científicos se propusieron explorar las principales teorías para explicar del por qué algunas personas son más atractivos para los mosquitos: las variaciones individuales del olor corporal puede ser la clave.

Luego, se determinó que las personas que resultan muy atractivas para los mosquitos producen unos ácidos orgánicos, llamados ‘carboxílicos’, en las emanaciones de su piel.

«Hay una relación muy, muy fuerte entre tener grandes cantidades de estos ácidos grasos en la piel y ser un imán para los mosquitos», dice Leslie Vosshall.

En el estudio, que duró tres años, se pidió a ocho participantes que llevaran medias de nailon sobre los antebrazos durante seis horas al día. Repitieron este proceso en varios días.

Durante los años siguientes, los investigadores probaron las medias de nylon entre sí en todos los emparejamientos posibles a través de un «torneo» de estilo round-robin.

Utilizaron un ensayo de olfatómetro de dos opciones que construyó De Obaldia, consistente en una cámara de plexiglás dividida en dos tubos, cada uno de los cuales terminaba en una caja que contenía una media.

Colocaron mosquitos Aedes Aegypti -la principal especie vectora del Zika, el dengue, la fiebre amarilla y el chikungunya– en la cámara principal y observaron cómo los insectos bajaban volando por los tubos hacia una u otra media.

El objetivo más atractivo para el Aedes aegypti era, con diferencia, el sujeto 33, que era cuatro veces más atractivo para los mosquitos que el siguiente participante más atractivo del estudio, y asombrosamente 100 veces más atractivo que el menos atractivo, el sujeto 19.

Las muestras de los ensayos estaban desidentificadas, por lo que los experimentadores no sabían qué participante había llevado cada nylon.

Sin embargo, se daban cuenta de que había algo inusual en cualquier ensayo en el que participara el Sujeto 33, porque los insectos pululaban hacia esa muestra.

«Sería obvio a los pocos segundos de comenzar el ensayo», dice De Obaldia. «Es el tipo de cosas que me entusiasman como científico. Esto es algo real. No se trata de un juego de palabras. Es un efecto enorme».

Los investigadores clasificaron a los participantes en atractores altos y bajos, y luego se preguntaron qué los diferenciaba.

Utilizaron técnicas de análisis químico para identificar 50 compuestos moleculares que estaban elevados en el sebo (una barrera hidratante de la piel) de los participantes de alta atracción.

A partir de ahí, descubrieron que los imanes de los mosquitos producían ácidos carboxílicos en niveles mucho más altos que los voluntarios menos atractivos.

Estas sustancias se encuentran en el sebo y son utilizadas por las bacterias de nuestra piel para producir nuestro singular olor corporal humano.

Para confirmar sus resultados, el equipo de Vosshall reclutó a otras 56 personas para un estudio de validación. Una vez más, el sujeto 33 fue el más seductor, y siguió siéndolo a lo largo del tiempo.

Los humanos producen principalmente dos clases de olores que los mosquitos detectan con dos conjuntos diferentes de receptores de olor: Los receptores Orco e IR.

Estos resultados complementan uno de los estudios recientes de Vosshall, también publicado en Cell, que reveló la redundancia del exquisitamente complejo sistema olfativo del Aedes aegypti.

Se trata de un mecanismo de seguridad en el que el mosquito hembra confía para vivir y reproducirse. Sin sangre, no puede hacer ninguna de las dos cosas.

Por eso «tiene un plan de seguridad y otro plan de seguridad y otro plan de seguridad y está sintonizado con estas diferencias en la química de la piel de las personas que persigue.

Referencia: María Elena de Obaldía, Takeshi Morita, Laura C. Dedmon, et al. «Differential mosquito attraction to humans is associated with skin-derived carboxylic acid levels». Cell, 18 October 2022.

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