El síndrome de fatiga crónica, también conocido como encefalomielitis miálgica (ME/CFS), es una enfermedad debilitante que afecta a millones de personas en todo el mundo. Su síntoma característico, el malestar post-esfuerzo, empeora de forma notable incluso después de actividades leves. A pesar de su impacto, sus causas siguen siendo un enigma.
En agosto de 2025, el proyecto DecodeME presentó el mayor estudio genético jamás realizado sobre esta condición. Con la participación de más de 21,000 personas diagnosticadas, el trabajo reveló ocho regiones del genoma humano asociadas a un mayor riesgo de desarrollar ME/CFS. Estos hallazgos abren una nueva vía para entender su base biológica.
El análisis, basado en estudios de asociación del genoma completo (GWAS), sugiere que tanto el sistema inmunitario como el sistema nervioso desempeñan un papel clave. Este avance representa un paso decisivo hacia el desarrollo de herramientas diagnósticas y posibles tratamientos.
Un estudio masivo sin precedentes
DecodeME reclutó a participantes de todo el Reino Unido, asegurando criterios diagnósticos rigurosos y la confirmación médica del síndrome. Se recogieron muestras de ADN mediante kits de saliva enviados por correo, permitiendo la participación de personas con movilidad reducida o confinadas en casa.
El estudio comparó el ADN de 15,579 personas con ME/CFS frente a 259,909 controles sanos, todos de ascendencia europea. Gracias a este gran tamaño muestral, fue posible detectar variaciones genéticas sutiles pero relevantes que estudios anteriores no habían identificado.
Las ocho señales genéticas del síndrome de fatiga crónica
La investigación encontró ocho regiones del genoma asociadas a ME/CFS. Entre ellas destacan genes como RABGAP1L, BTN2A2, FBXL4, OLFM4, CA10, SUDS3, CCPG1 y ARFGEF2/CSE1L. Varios de estos genes están implicados en la respuesta a infecciones, lo que coincide con el hecho de que en la mayoría de los casos la enfermedad se desencadena tras un episodio infeccioso.
Por ejemplo, RABGAP1L participa en la defensa celular frente a bacterias y virus, mientras que BTN2A2 regula ciertas células T involucradas en la respuesta inmunitaria. OLFM4, por su parte, modula la actividad de neutrófilos, afectando la capacidad del organismo para eliminar bacterias.
Inmunidad y sistema nervioso en el centro
Además del papel del sistema inmune, el estudio sugiere un vínculo neurológico. El gen CA10, asociado también al dolor crónico, interviene en la comunicación entre neuronas, un mecanismo que podría explicar síntomas como el dolor generalizado y las alteraciones cognitivas.
Otro gen relevante, SUDS3, regula la inflamación en las células microgliales del cerebro. Esto refuerza la hipótesis de que el sistema nervioso central es un componente clave en la fisiopatología del ME/CFS.
Diferencias según el inicio por infección
Cuando se analizaron por separado los casos que comenzaron tras una infección, se detectó una asociación más fuerte con el gen OLFM4, lo que sugiere que ciertos perfiles genéticos podrían predisponer más a la enfermedad en contextos post-infecciosos.
En contraste, no se hallaron señales genéticas significativas en el grupo cuyo inicio no estuvo relacionado con infecciones, lo que refuerza el peso del factor infeccioso en la aparición del síndrome.
Genes asociados al síndrome de fatiga crónica y dolor crónico
Un hallazgo interesante fue que la región que contiene CA10 mostró una señal genética compartida con el dolor crónico multisistémico. Esto podría indicar que mecanismos neuronales similares están detrás de ambos problemas, abriendo la puerta a tratamientos que puedan abordar simultáneamente ambas condiciones.
Aunque ME/CFS suele confundirse con depresión en la práctica clínica, el estudio no encontró que las ocho señales genéticas compartan variantes causales con trastornos depresivos o de ansiedad. Esto aporta evidencia biológica para diferenciar el síndrome de otras condiciones de salud mental.
Próximos pasos en la investigación
Estos resultados no solo mejoran la comprensión del ME/CFS, sino que también ofrecen un punto de partida para nuevas líneas de investigación. El equipo de DecodeME planea ampliar los análisis a personas de diversas ascendencias y explorar variantes genéticas menos comunes que podrían contribuir al riesgo.
La identificación de genes clave permitirá investigar terapias que modulen la respuesta inmune o la función neuronal. Además, podría conducir al desarrollo de herramientas diagnósticas basadas en biomarcadores genéticos, algo inexistente hasta la fecha.
La fatiga crónica no solo está en tu mente… también se refleja en tu sangre.
Conclusión
El estudio DecodeME representa un gran avance en la investigación del síndrome de fatiga crónica. La identificación de ocho señales genéticas asociadas a la enfermedad confirma que en su desarrollo intervienen factores biológicos, y no solo ambientales.
Al identificar genes relacionados con la respuesta inmune y la función cerebral, la ciencia se acerca a una comprensión más clara del ME/CFS. Este conocimiento podría facilitar diagnósticos más rápidos, tratamientos más efectivos y, en última instancia, una mejor calidad de vida para quienes viven con esta condición.
- DecodeME collaboration. (2025). Initial findings from the DecodeME genome-wide association study of myalgic encephalomyelitis/chronic fatigue syndrome. Preprint. [Link].




