Imagina querer dormir, pero sentir un cosquilleo insoportable en las piernas que solo se calma moviéndolas. Esto no es simple inquietud; es el síndrome de piernas inquietas.
Este trastorno afecta a millones de personas en todo el mundo, alterando su sueño, su salud mental y su calidad de vida. A menudo pasa desapercibido o es malinterpretado.
En este artículo, exploraremos qué es el síndrome de piernas inquietas, cuáles son sus causas, sus consecuencias médicas y los tratamientos disponibles, basado en investigaciones científicas recientes.
¿Qué es el síndrome de piernas inquietas?
El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurosensorial caracterizado por una necesidad incontrolable de mover las piernas, generalmente acompañado de sensaciones molestas como hormigueo, ardor o tirones.
Según el estudio publicado en Annals of Movement Disorders, los síntomas empeoran durante el reposo y tienden a intensificarse por la noche, dificultando el sueño y el descanso reparador.
Estas sensaciones suelen aliviarse al mover las piernas o al caminar. Es por eso que muchas personas con SPI desarrollan rutinas nocturnas que interrumpen su descanso, generando fatiga crónica.
Qué tan común es el SPI en el mundo
De acuerdo con un estudio global publicado en Journal of Global Health, el síndrome de piernas inquietas afecta al 7.12% de los adultos entre 20 y 79 años. Esto equivale a más de 350 millones de personas a nivel mundial.
Europa reporta la mayor prevalencia, mientras que África tiene las tasas más bajas. En América Latina, países como Brasil y México presentan tasas entre el 5% y 10%, especialmente elevadas en personas con diabetes o enfermedad renal crónica.
Durante el embarazo, el SPI puede alcanzar un pico del 26.5% en el tercer trimestre, según estudios regionales. En pacientes en diálisis, la prevalencia puede superar el 24% (Xu et al., 2025).
Causas y factores de riesgo
El SPI tiene un origen multifactorial. Según el artículo publicado en International Journal of General Medicine, influyen la predisposición genética, la deficiencia de hierro cerebral y las alteraciones en la neurotransmisión dopaminérgica y glutamatérgica.
Estudios genéticos han identificado variantes en genes como MEIS1 y BTBD9, relacionados con una mayor susceptibilidad al SPI. Además, factores ambientales como el tabaquismo, el consumo de alcohol, el embarazo y enfermedades como la insuficiencia renal también aumentan el riesgo (Song et al., 2024).
El SPI también puede coexistir con otras enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial y trastornos neurológicos como el párkinson.
Consecuencias en la salud física y mental
Aunque puede parecer un trastorno leve, el síndrome de piernas inquietas puede tener graves consecuencias si no se trata adecuadamente. La alteración del sueño es una de las más frecuentes, con despertares constantes, insomnio y fatiga diurna.
Según los datos analizados por Makharia y colaboradores (2024), más del 65% de los pacientes presentan síntomas depresivos, y alrededor del 25% ha experimentado ideación suicida. La ansiedad también es común y puede preceder al SPI o empeorar su evolución.
Además, se ha observado un posible incremento en el riesgo de demencia y enfermedades cardiovasculares, aunque los estudios aún no son concluyentes.
Cambios recientes en el diagnóstico del SPI
En años recientes, los criterios diagnósticos del síndrome de piernas inquietas han sido actualizados para aumentar su precisión. Ahora se reconoce que los síntomas pueden afectar no solo las piernas, sino también los brazos, el tronco e incluso la cara en casos severos.
La nueva clasificación también permite distinguir entre SPI intermitente y crónico persistente. Además, se ha introducido un específico marcador de significancia clínica que evalúa el impacto del SPI en la vida diaria, el sueño y el bienestar emocional (Makharia et al., 2024).
Estas mejoras buscan evitar diagnósticos erróneos, ya que muchas veces el SPI se confunde con calambres, insomnio o incluso trastornos psicológicos.
Tratamientos actuales y nuevas terapias
El tratamiento del SPI se basa en un enfoque combinado. Para casos leves, los cambios en el estilo de vida, evitar cafeína, mantener horarios regulares de sueño y realizar ejercicio moderado pueden ser suficientes (Makharia et al., 2024).
Cuando se requiere tratamiento farmacológico, los gabapentinoides (como pregabalina) están ganando preferencia sobre los agonistas dopaminérgicos tradicionales debido a su menor riesgo de efectos adversos y mayor seguridad a largo plazo.
En pacientes con deficiencia de hierro, la terapia con hierro oral o intravenoso ha demostrado ser eficaz incluso si los niveles de hemoglobina están dentro del rango normal (Xu et al., 2025).
Para casos graves o resistentes, se están evaluando nuevas terapias como la estimulación eléctrica y dispositivos aprobados por la FDA, que buscan reducir los movimientos involuntarios y mejorar la calidad del sueño.
Poblaciones especiales: niños, embarazadas y personas mayores
Aunque es más frecuente en adultos, el síndrome de piernas inquietas también puede presentarse en niños. Un estudio en Canadá encontró una prevalencia de hasta el 8.6% en niños con antecedentes familiares.
Durante el embarazo, especialmente en el tercer trimestre, el SPI puede intensificarse debido a cambios hormonales, anemia y deficiencia de hierro. Suele mejorar tras el parto, aunque en algunas mujeres persiste.
En adultos mayores, el SPI puede confundirse con otros trastornos neurológicos o del sueño, por lo que se recomienda una evaluación médica cuidadosa.
Un joven de 25 años desarrolló el «síndrome de la cabeza caída» por usar mucho el celular.
Conclusión
El síndrome de piernas inquietas no es una simple molestia nocturna, sino un trastorno neurológico con un fuerte impacto en la calidad de vida, la salud mental y el bienestar físico.
Gracias a investigaciones recientes, hoy contamos con mejores herramientas para diagnosticarlo, comprender sus causas y tratarlo eficazmente. Aun así, sigue siendo una enfermedad infradiagnosticada.
Reconocer sus síntomas, buscar atención médica y aplicar un tratamiento adecuado puede marcar una gran diferencia en la vida de quienes lo padecen. La ciencia ya ha trazado el camino; ahora toca difundir el conocimiento.
- Makharia, A., Agarwal, A., Srivastava, A. K., & Garg, D. (2024). Current updates in Restless Legs Syndrome: A pragmatic review. Annals of Movement Disorders. DOI: 10.4103/aomd.aomd_48_24
- Song, P., Wu, J., Cao, J., Sun, W., Li, X., Zhou, T., … & Rudan, I. (2024). The global and regional prevalence of restless legs syndrome among adults: A systematic review and modelling analysis. Journal of Global Health. DOI: 10.7189/jogh.14.04113
- Xu, Y., Guan, Y., & Lang, B. (2025). Unraveling Restless Legs Syndrome: A Comprehensive Review of Current Research and Future Directions. International Journal of General Medicine. DOI: 10.2147/IJGM.S544680




